Haz el bien sin mirar a quién. Qué importa el qué dirán.

Por el contrario: Donde fueres, haz lo que vieres. ¿Dónde va Vicente? donde va la gente.

¿En qué quedamos?

Es evidente que cada cual, cada persona, cada institución, ha de actuar según sus principios y convicciones, de acuerdo con su propia percepción de sí mismo.

Pero ha de estar abierto al entorno.

Sé poco de comunicación, aunque es una materia que me apasiona. Sé poco, pero una vez le oí a un experto en comunicación lo que a su juicio es la regla de oro de la misma. Es esta: Lo importante en comunicación no es lo que tú dices, sino lo que le llega al que te escucha. Dicho en términos más abstractos y porcentuales, lo importante no es ese 100% que sale del elemento emisor, sino el porcentaje que interioriza el elemento receptor.

Puede ser que de ese 100% inicial, haya parte que se pierda en el modo como se expresa el emisor, por tratarse de un modo defectuoso o inapropiado. Puede ser que falle el vehículo de transmisión, por ejemplo, la megafonía, si el lenguaje es sonoro. O que quien escucha está en una fila al fondo y no ve bien el lenguaje corporal del emisor. Por tanto, al receptor quizá ya no le llega ese 100% sino algo menos.

En el receptor también se produce una caída inicial de ese porcentaje. Puede ser que el receptor esté distraído, o que tenga sueño, o que le interrumpan en su escucha, o que tenga poco hábito de escucha o de atención.

Ya se ve que de ese 100% inicial va quedando cada vez menos. Supongamos que le llega al receptor un 50% o un 60%. A partir de aquí empezamos a contar los filtros internos del receptor: su falta de cultura, sus prejuicios, su falta de comprensión del discurso, su desinterés, su falta de entusiasmo por lo que oye, su ausencia de predisposición al cambio, su falta de flexibilidad y de apertura, su falta de tolerancia y comprensión hacia otras opiniones que no sean la suya, sus preocupaciones, que le absorben, etc.

¿Qué queda de ese 100%?

Poco, más bien poco.

Hay otra regla, que no se si es de oro, pero que me la ha enseñado la vida: El flujo comunicador es de doble sentido. Aquí hemos hablado de un emisor y un receptor. Sin embargo, ese receptor también es emisor, y ese emisor también es receptor. Porque el receptor inicial también da siempre una respuesta a lo que ha recibido, y esa respuesta es de sumo interés para el emisor inicial. No solo se trata de saber, de ese 100% inicial, cuánto le llega al receptor, sino de que ese porcentaje sea conocido por el emisor, y eso solo se puede llegar a saber estando atento a las reacciones del receptor y a las manifestaciones de esas reacciones.

Llevo bastante rato empleando un lenguaje abstracto. Lo diré coloquialmente. No solo importa lo que yo diga, sino lo que te llegue a tí. Y también es importante que yo me entere de si te has enterado, porque de lo contrario, estoy en Babia.

Es importante que el emisor sepa si el receptor ha interiorizado el mensaje que el primero lanzó.

Tercera regla, también de cosecha propia: No hay un solo receptor, sino una pluralidad, es decir, mucha gente. En consecuencia con la regla segunda, a mí, como emisor, me interesa saber si una pluralidad de oyentes ha interiorizado las ideas que he intentado transmitir. Esa pluralidad es lo que yo llamo ENTORNO.

En una palabra, coño, lo que me interesa es saber qué piensan los demás acerca de mí, de mis mensajes de mis ideas, etc. No se puede vivir de espaldas a los demás. No se trata de ser un borrego, sino de escuchar a los demás, porque probablemente tienen algo que aportarnos con su crítica. Nadie es perfecto, todos necesitamos de todos. Cuatro ojos ven más que dos. Si algo va mal, puede ser que los demás sean unos malvados, pero también puede ser que yo me esté equivocando.

Tener la actitud de rectificar si se ve que uno se ha equivocado es de las mejores cosas que puede tener el ser humano. Hay que escuchar al entorno. Cuando el río suena, agua lleva. Hay poquísimas verdades absolutas. Casi todo es mutable y relativo. Incluso hay cosas que durante un tiempo funcionaron bien, pero ahora, no. Hay que estar dispuesto a rectificar. Hay que salir de si mismo y prestar atención a las reacciones de los demás, del entorno. El entorno habla. Es el otro sentido, el de vuelta, correspondiente al mensaje de ida que yo lancé. ¿Cuánto interiorizo yo del total de ese mensaje de vuelta? A mis años (que todavía no son demasiados, pero algunos son) descubro que las personas más sabias son las que más han desarrollado el hábito de escuchar, porque escuchar, aparte de un ejercicio de humildad, supone aprender.

Los grandes errores de las personas y de las instituciones (que al fin y al cabo, son personas jurídicas) son errores de comunicación consistentes en no haber sabido escuchar al entorno. Esto se produce en todos los ámbitos, el político, el religioso, el deportivo, el docente, el de las asociaciones, etc. Absolutamente en todos los ámbitos. El problema que han tenido quienes han dirigido entidades del tipo que sea y que se han dado el batacazo es un problema de diagnóstico. Mientras que los médicos “leen” en el cuerpo los síntomas de las patologías, quienes dirigen algún tipo de entidad deben de leer continuamente qué les está diciendo el entorno de esas entidades. Prescindir de eso es como conducir un vehículo a ciegas.

En la teoría de las organizaciones existe una práctica de autocrítica llamada matriz DAFO, que es un acrónimo que significa “Debilidades, Amenazas, Fortalezas, Oportunidades”. Cualquier persona u organización debe hacer “examen de conciencia” y preguntarse, al menos de vez en cuando, por los factores propios (Debilidades y Fortalezas) y por los factores del entorno (Amenazas y Oportunidades). Los factores propios o internos dependen de uno mismo, pero los factores del entorno dependen de este. Por tanto, hay que escucharle y analizar lo que nos dice.

Voy a terminar con un mensaje que sale de mi ordenador, prístino, original, impoluto, esto es, al 100%. Vamos a ver cual es el porcentaje que queda en el interior de quienes me están leyendo. El mensaje es este: Me apostaría una mano y al menos dos dedos de la otra, a que si quien me está leyendo tiene algún cargo de gobierno en alguna organización, no va a dar la importancia que tiene a escuchar al entorno, al menos en un 20%. Por supuesto, sentarse y ponerse a pensar y elaborar una matriz DAFO, eso sería para nota. Yo solo planteo que al menos escuche y se tome en serio el 20% de lo que le diga el entorno. No sería poco.

ANTONIO MOYA SOMOLINOS

Arquitecto. Colaborador de Expreso del Sur.