No entro en las  redes sociales, ni tan siquiera en las de Expreso del Sur. No tengo Facebook, Twitter ni, mucho menos, página web. A pesar de ello no soy en absoluto enemigo de las nuevas tecnologías más bien al contrario, pero sí soy muy temeroso y previsor ante los nuevos canales de comunicación.SocialMedia-Empresas

 

Mis razones son varias, pero la más importante es la de no tener ganas de enfadarme con los comentarios llenos de burradas de los miles de  piltrafillas que utilizan las llamadas redes sociales para difamar, insultar e, incluso, amenazar.

Un odio al que no le doy explicación y del que casi nadie que sea más o menos conocido por alguna otra razón, se libra. En el caso de las personas mediáticas o famosas imagino que el asunto llegará a ser inaguantable.

Sin duda, es el anonimato es el que permite actuar con impunidad, pero más allá de imaginarme un perfil de personas perturbadas, imagino a estos activistas de la difamación como personas corrientes y molientes que con mejor o peor vida sacan a relucir su mísero odio, vertiéndolo en la red gracias a estos nuevos canales de comunicación. La situación lejos de mejorar empeora a diario, sin parecer importar el daño que causa, sin sanciones ejemplarizantes y, por supuesto, sin filtros de control ante los llamados troll. El panorama da miedo ya que pensar que personas capaces de escribir tales burradas anden como si tal cosa por este nuevo mundo en red que nos ha tocado vivir, da un poco de pánico. Jamás podía imaginar que existía tanto odio sin motivo ni justificación aparente. Esto da susto, mucho susto.