La tolerancia democrática europea, impresa en todos los códigos de conducta y normas de cualquier rango jurídico, necesita una determinación que obvie la demagogia y sitúe a ciertos ritos y costumbres donde realmente están en nuestro modelo social.

expreso del sur burkini

Mujeres visten el burkini en una playa francesa.

Poco daño creo que pueda hacer el mero hecho de vestir una u otra ropa  en cualquier lugar de baño, lo que realmente subyace es un creciente rechazo a unas costumbres vestidas de religión que tienen a la mujer y su cuerpo como instrumento social de dominación masculina y de ejemplaridad moral. Es ahí donde surge nuestro inevitable rechazo que además se ve acrecentado por esa guerra de guerrillas que nosotros torpemente llamamos terrorismo y que vuelve a recurrir a la fe para justificar cualquier tropelía.

Europa, cuna de la civilización y de los derechos humanos está muriendo de tolerancia.

Desde que el humano dejó de ser nómada y comenzó a ocupar y poseer el espacio donde vivía, ciertas normas se establecieron como garantes de la pacífica convivencia. Cierto era que cuando un extraño llegaba a ese modelo social tenía que regirse por las normas que ya regulaban esa convivencia o ser expulsado de la misma. Esta norma básica social comenzó a ser obviada cuando, quizás por el crecimiento desmedido de las sociedades y las ciudades, se establecieron zonas de influencia donde tenían cabida tradiciones, idiomas y costumbres que en algunos casos chocaban de frente con las establecidas en esos territorios. Pero el relativo aislamiento de esas comunidades y la relativa calma que reinaba en la sociedad favorecieron su crecimiento descontrolado.

No es menos cierto que los problemas que hoy experimentamos vienen justificados por el crecimiento e internacionalización de un nimio sector de la religión islámica, que ha hecho de la violencia y el odio su único objetivo y que está provocando que una sociedad asentada, acomodada y pacifista comience a reaccionar creando muy lentamente un rechazo genérico y generalizado que podría llegar a concretarse en actos violentos.

La religión ha sido el instrumento preferido de los tiranos (y prácticamente el único), que a lo largo de nuestra historia han sometido a masas que han matado y muerto por la palabra de deidades que yacen bajo un montón de tierra, como todos yacían, yacen y yacerán.

El burkini, no es amenaza, es símbolo del hartazgo de una sociedad hastiada de amenazas y testigo de demasiado dolor teñido de fe.

PABLO CAMBRONERO

Licenciado en Derecho que trabaja en el ámbito policial. Mi afición desde los siete años es escribir sobre cualquier tema que me ronde. Colaborador de Expreso del Sur.