A Teresa Rodríguez le gustan más los castings que los debates. Más que aspirar a mantenerse en la dirección andaluza de Podemos, confrontando con sus contrincantes su proyecto político, parece que desea enrolarse en La Voz.

expreso-del-sur-dar-el-cante

Teresa Rodríguez, junto a José María González ‘Kichi’, en el video grabado para promocionar su candidatura a las primarias de Podemos Andalucía

Las dotes para el canto no suele ser uno de los atributos que mueven a los afiliados de una organización política a la hora de elegir a sus cargos. Lo habitual es que se inclinen por la trayectoria, las propuestas políticas y la capacidad de liderazgo de los candidatos. Más que cantar lo que quieren los simpatizantes es que sus dirigentes no den el cante. Y Teresa Rodríguez lo ha dado, y bien, estos días al negarse a mantener un debate con las otras dos rivales para dirigir la formación morada en esta comunidad: las también diputadas Carmen Lizárraga y Begoña Gutiérrez. Ha puesto todos los obstáculos para hacer algo tan democrático como debatir.

Mientras que sus rivales aceptaron, Rodríguez descartó inicialmente la propuesta de debatir de la SER y cargó duramente contra el periodista y la cadena, haciendo ostentación de ese vicio tan antiguo de querer matar al mensajero. En declaraciones posteriores a la emisora, rebajó la agresividad y planteó que los debates hay que hacerlos con las normas internas del partido y, finalmente, han montado un simulacro a puerta cerrada y sin capacidad de interacción entre las tres adversarias, lo que viene siendo una serie de monólogos encadenados. Y por si no fuera suficiente el disparate deciden celebrar un debate de carácter partidario en el Parlamento de Andalucía, una sede pública que se paga con los impuestos de todos los andaluces. Teresa Rodríguez ha impuesto un modelo con mordaza y oscurantismo. Con tantos golpes de pecho que se da con la nueva política, ha mostrado la peor cara y los malos modos que tanto espantan a los ciudadanos. No es de extrañar tanta obstinación en evitar el debate: en el Cámara autonómica recibe un ‘revolcón’ dialéctico un día sí y otro también por parte de la presidenta Susana Díaz. Entre sus virtudes no está precisamente la oratoria. No le va debatir, tampoco cantar es los suyo a la vista del vídeo, pero dar el cante lo ha conseguido a lo grande. Es más cómodo cantar un vídeo que medirse en un auténtico debate.