En una entrevista reciente, Javier García Albiol resaltaba una idea, a mi modo de ver, importante, en cuanto a lo que actualmente pasa en Cataluña. Decía que en esa comunidad autónoma se han llegado a invertir los conceptos y las ideas de tal manera que lo que a una persona normal le podría parecer absurdo, ahí es ya normal, y viceversa. Yo creo que en el resto de España pasa también algo parecido. Voy a fijarme en cuatro paradojas o situaciones que a estas alturas ya tenemos asumidas como normales, aunque no deberían serlo. El verlas como normales nos impide ponerles remedio.

La primera es la de los 426 euros que el Estado regala a quienes no teniendo trabajo, ya no cobran el paro al haber concluido el plazo en que lo cobraban y no haber obtenido en ese tiempo un nuevo empleo. Estos 426 euros son en realidad una limosna, ya que lo único que se exige para otorgarla es justificar que se ha intentado encontrar nuevo trabajo, lo cual es fácil de conseguir aportando unas cuantas firmas de comerciantes o empresarios amigos, que se excusan diciendo que no pueden emplear al parado al tener cubierta la plantilla necesaria de su empresa.

De esta manera, el parado percibe 426 euros a cambio de no hacer nada. Si en la unidad familiar hay dos o tres en idéntica situación, ya tenemos una familia mileurista, que no es que vaya a tirar cohetes, pero que va tirando de la limosna estatal.

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Escultura del comedor para parados en el Franklin D. Roosevelt Memorial en Washington

Conozco el caso de alguno de estos que ha puesto el suficiente esfuerzo como para encontrar un posible trabajo, y al llegar a la entrevista y comunicársele que cobraría 550 euros, lo ha rechazado siguiendo el «razonamiento» de que si por hacer el vago le pagan 124 euros menos que por trabajar, vale la pena seguir de vago.

Yo me imagino que si en vez de cobrar 426 euros de limosna estatal, no cobrara nada, seguramente cogería con gusto esos 550 euros, aunque ello le supusiera trabajar todos los días. Además, pensaría como pensaba un sobrino mío cuando estaba en paro: el mejor método para trabajar en algo que a uno le gusta es trabajar previamente en algún trabajo-basura, pues los trabajos-basura cumplen una importantísima función: por ellos se mete la cabeza en el mundo laboral, y una vez metida la cabeza, el resto del cuerpo va después.

Ahora bien, el que recibe 426 euros por no hacer nada, no valora el trabajo y aunque él no se de cuenta, se convierte en algo caradura. Mejor dicho, es el Estado el que hace de él un caradura y un parásito al regalarle, con dinero de todos, un ocio no conseguido con esfuerzo.

No me parece mal que el Estado ayude con 426 euros a quien ha tenido la desgracia de no encontrar un trabajo. Pero debería exigirle una contraprestación, un trabajo valorado en 426 euros, por el que el parado retribuyera en trabajo lo que él recibe en metálico. Esto sería lo justo y lo que dignificaría al parado.

Segunda paradoja. En España hay aproximadamente un 25% de parados. En algunas regiones, el 31%, y dentro de estas (me refiero a Cádiz o a Córdoba), un 41%. Evidentemente, si eso fuera estrictamente cierto, en este país habría ahora mismo una revolución social, pues es imposible una sociedad aguantando estas cifras con las terrazas y los bares a rebosar. ¿Qué sucede? Muy sencillo: en este país hay una economía sumergida que por ser clandestina, es imposible evaluar, máxime cuando prácticamente todos los españoles, en la medida en que les resulta posible, por ejemplo, evitan pagar el IVA.

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Calculan que la economía sumergida equivale al 25% de la economía española.

Según los expertos de Hacienda, al parecer, la economía sumergida supone el 25% del total de la economía española.

La enorme presión fiscal que tenemos en este país quienes no podemos eludir los impuestos, se debe a que hay que «compensar» con los que no pagan. Se ha dicho que actualmente los españoles dedicamos el 55% de nuestros ingresos a pagar tributos públicos. Si aflorara la economía sumergida, probablemente respiraríamos un poco quienes estamos ahogados de impuestos, pues ese porcentaje bajaría en torno al 40% aproximadamente. Luego la economía sumergida es un cáncer que tenemos dentro.

Ahora bien -paradoja-, gracias a esa economía sumergida viven muchos españoles (algunos mal-viven, pero otros no viven nada mal) en unas condiciones medianamente dignas, a base de «chapucillas», cuando de lo contrario se vería en toda su crudeza ese alto porcentaje de paro que provocaría sin duda la revolución social de la que he hablado antes, ya que no conviene perder de vista -y el Estado lo sabe perfectamente- que aquí no pasa nada mientras no haya hambre física. En el momento en que haya hambre física, lo único que queda ya es la violencia generalizada y después la guerra, que es exactamente lo que pasó en el 36.

Por eso, aunque sea injusto pagar un mes de vaguería a 426 euros y aunque se haga la vista gorda con el PER, el IVA y tantas cloacas más de economía sumergida, aquí lo mejor es no moverse y aguantar el tirón, que la economía sumergida es un cáncer, pero nos libra de una guerra. «Que me quede como estoy, aunque sea en situación de paradoja».

Ahí va la tercera paradoja. Recientemente la deuda pública española ha rebasado el PIB, lo cual no sucedía en este país desde 1909, año en el que, entre otras lindezas, tuvo lugar la Semana Trágica. El que quiera que vaya a las hemerotecas o lea los libros de historia al efecto.

En alguna otra colaboración he mencionado el «Reloj de la Deuda Pública Española Jean Monnet». Quien quiera verlo en Internet, ahí tiene el enlaceEs algo espeluznante porque va dando en tiempo real cómo crece la deuda pública en nuestro país, segundo a segundo. Como se sabe, hemos superado ampliamente el billón de euros, la deuda pública per cápita está en 23.445 euros por español y año, y la deuda sigue creciendo de manera desbocada.

Ese dinero, me imagino que habrá que pagarlo… con los intereses.

Pues bien, no se si sabrá el lector que el Estado, para ir pagando los vencimientos que se van produciendo en la deuda pública, lo que está haciendo es… emitir más deuda pública. ¿No se habrán planteado quienes nos gobiernan que vamos mal haciendo eso? Es como si yo le debiera 100 euros a Juan, y al no tener dinero para pagarle, se los pido prestados a Pedro, y cuando a Pedro no se los puedo pagar, le pido el dinero a Luis. Y mientras tanto, voy incrementando mis deudas. ¿Actuaría así una persona individual en su sano juicio?

Termino esta paradoja apuntando que cuando Franco murió, la deuda pública española era exactamente… cero.

Vamos con la cuarta paradoja. También en ella voy a hablar de Franco. Cuando el caudillo murió yo tenía 20 años. Quiero decir con esto que a mí no me la meten doblada porque he vivido los tiempos de Franco en primera persona y no necesito que me cuenten milongas ni demagogias.

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Control de tráfico de la Guardia Civil.

Vaya por delante que admito que el mejor régimen posible para España actualmente es la democracia, pero me parece muy mal que unos malos gobernantes justifiquen y oculten su mal gobierno a base de críticas demagógicas y falsas a quien no se puede defender por haber fallecido hace años. Esto es exactamente lo que se hace en este país, en el que el chivo expiatorio del propio mal gobierno es siempre Franco y la supuesta falta de libertad que había con él.

No estoy de acuerdo. En tiempos de Franco había muchísima menos delincuencia, muchísima más libertad, muchísimos menos impuestos (por ejemplo, solo había impuestos indirectos; no había IVA ni IRPF). El Estado no pesaba como ahora sobre los ciudadanos ni los controlaba ni perseguía como ahora. Todo el mundo vivía más feliz, la sociedad no estaba tan crispada como la actual.

Vaya un botón de muestra. Aparte de que ahora son muchísimos los entes que pueden multarnos (el Estado a través de los distintos ministerios, las 17 comunidades autónomas con sus miles de consejerías o delegaciones de las consejerías u organismos autónomos de las consejerías, amén de los 8.500 municipios, que decididamente se han lanzado a imponer multas como parte sustanciosa de sus presupuestos), solo con las multas que esos señores de verde llamados guardias civiles, agazapados en los arcenes de las carreteras, ponen a diestro y siniestro en nombre del Estado, ya da para conseguir unos ingresos públicos altamente sustanciosos con los que incrementar los ya de por sí sustanciosos conseguidos por los impuestos. Para que el lector se haga una idea del volumen que suponen las multas de tráfico, le diré que es exactamente igual al presupuesto del ministerio del Interior. O lo que es lo mismo, que el ministerio del Interior se autofinancia con las multas que usted y yo pagamos por cualquier gilipollez en la que hayamos sido sorprendidos que contradiga la legislación de seguridad vial, que cambia varias veces al año, de tal manera que en este país ya no hay quien sepa qué es lo que se puede hacer y qué está prohibido en esta materia.

Habrá lectores de menos edad que yo que quizá piensen que con Franco no había libertad, pero yo les aseguro que es falso y que con Franco no había esta persecución para poner multas que padecemos actualmente los ciudadanos, y que obviamente no es libertad sino atraco a mano armada. Esto en tiempos de Franco no pasaba, doy fe.

Sin lugar a dudas, llegará un momento en el que todo esto estallará entre las manos. No sé cuando, pero esto no va bien. O yo estoy loco.