En todas las reuniones entre amigos siempre hemos acabado jugando a este juego donde el narrador nos dice que cuando el pueblo duerme el lobo despierta para acabar con alguna víctima inocente. Cuando todos despiertan se nos dice quién ha sido el señalado por el lobo para que el juego termine para él.

Este juego me viene a la cabeza al pensar en España donde el pueblo mantiene un sueño profundo y aunque a veces creemos a nuestros sueños -imagen irreal que nos muestran los políticos y los medios de comunicación-, debemos ser conscientes que son solo eso… sueños.

Oriol Junqueras, acompañado por Turull y Romeva, en una rueda de prensa. FOTO: Quique García

En los últimos meses hemos contemplado a ciudadanos dormidos y a otros soñando, y es que nadie los ha despertado porque a nadie le interesan unos ciudadanos despiertos y conscientes. Por una lado, unos intentan que todos sigamos durmiendo porque si despertamos veremos una realidad que cada vez se hace más evidente. Nos esperan cajas b, ordenadores destrozados a martillazos, conversaciones de puticlubs y de luchas internas encarnizadas por el poder.

Por otro lado, otros pretenden que unos pocos sueñen para que su realidad inventada y sin ninguna base siga para adelante aunque la realidad los haya despertado de forma abrupta, ellos prefieren que los sueños se conviertan en votos el próximo 21 de Diciembre pero todo a base de mentiras o medias verdades.

Esta es la clase política que tenemos ¿o la que nos merecemos? Siempre nos asalta la misma duda y ahora más que nunca parece que el orgullo patrio nos ha invadido ¿Habrá algo más que ese sentimiento de ser y sentirse español? ¿La única forma para demostrar nuestra nacionalidad pasa por un trozo de tela en los balcones de nuestras viviendas? ¿Debemos estar orgullosos de nuestro país con los gobernantes salientes de las urnas?

Así hemos pasado el último mes y medio, entre boicot y violencia dentro de un sueño compartido tan fácil de realizar  como el de dialogar. Pero es solo eso, un sueño. Unos han tenido que despertar entre rejas o en el avión de camino a Bruselas, mientras las empresas se han ido despertando cambiando su sede social o fiscal a otro lugar. ¡Maldita globalización! Otros han tenido que despertar en los juzgados con el partido político mayoritario en España sentado en el banquillo de los acusados, esperando que su amor a la unidad a España lo excuse de los sobresueldos y que ese “M. Rajoy” sea el primo del Presidente que dijo que el cambio climático no existía.

Y mientras todos decimos ¡esos catalanes están locos!, no nos damos cuenta que están tan dormidos como nosotros, esperando que algún narrador les diga que pueden despertar porque los lobos ya tienen a sus víctimas favoritas: y, de nuevo, ha sido el pueblo.

ALICIA GALISTEO

Politóloga. Cursando el Máster de Comunicación, Sociedad, Cultura y Política. Colaboradora de Expreso del Sur