Los clichés históricos nos han hecho considerar a los británicos como una sociedad excéntrica, de dudoso gusto al vestir y con una gastronomía de la que huir despavorido. A todas estas verdades históricas se les ha de sumar esos aires injustificados de superioridad y un egoísmo que roza lo patológico. Quizás sean sólo eso, clichés, o quizás no.

expreso del sur may

Theresa May, primera ministra británica

Quien generaliza yerra, y por ello me da igual equivocarme generalizando  cuando veo a su jefa de gobierno amenazar a la Unión Europea con una guerra comercial sin cuartel si la misma no se aviene a los intereses y demandas económicas británicas. Esta buena señora, al más puro estilo “Trumpiano”, pretende levantar un muro arancelario en su isla para impedir la entrada de personas y productos o dificultarla al máximo.

Todos sabemos que para que un acuerdo en el que ambas partes están condenadas a entenderse sea productivo, las dos han de proponer sus posturas con vehemencia e recargadas para posteriormente hacer pequeñas renuncias hasta que se logre el grado preciso de satisfacción para vender a sus “clientes”. Pero no es menos cierto que el pez grande devora sin miramientos al pez chico, y los británicos en esta pelea y les guste o no son larvas.

En esta vida la principal normativa que rige todo es sin duda  la todopoderosa ley de oferta y demanda. Siendo así, es de sobra conocido por todos que es mucho más lo que necesitan los británicos del resto de europeos que los europeos de estos. Esta no es una pelea justa pues nuestro puño está más prieto, más firme y pega mucho más duro.

Señora May, la ajustadísima victoria de su referéndum rupturista no le va a salir gratis, menos aún si es la vía de la amenaza la que usa para intentar mantener sus privilegios económicos con Europa.

PABLO CAMBRONERO

Licenciado en Derecho que trabaja en el ámbito policial. Mi afición desde los siete años es escribir sobre cualquier tema que me ronde. Colaborador de Expreso del Sur.