La escalada de decisiones torpes e inútiles en la que parecen estar atrapados ciertos dirigentes de esta nuestra querida España, roza el absurdo más bochornoso con la prohibición de entrar a ver la final de la Copa del Rey con una estelada en la mochila. El Ministerio del Interior lo ha vuelto a conseguir: ha calentado un patio ya de por sí más que calentito y el único que parece no sentirse quemado, ni achicharrado, el señor ministro.

expreso del sur esteladas

Esteladas desplegadas en el Camp Nou durante un partido de esta temporada.

Puestos a avivar el fuego yo hubiera preferido que el Gobierno autorizara a los policías desplegados en las inmediaciones del Vicente Calderón a repartir entre los aficionados culés silbatos, bocinas y megáfonos para pitar el himno nacional antes de que el balón eche a rodar. Puestos a dar razones a los aficionados catalanes, independentistas o no, para abuchear los símbolos españoles, admitamos propuestas originales.

Convendría que alguien le recordarse al ministro del Interior que la mejor manera de no incitar a la violencia antes de un partido de fútbol, es precisamente hablar de fútbol. Hablar exclusivamente de deporte y pasar de puntillas por la política, sobre todo en un tema como el de las banderas donde llueve sobre mojado y donde este ministro mea sobre lo meado. Lucir una bandera –al menos, la estelada- no constituye un acto violento per se, tesis a la que se ha sumado incluso –imagino por aquello de que hay unas elecciones a la vuelta de la esquina- el nada sospechoso García-Albiol: “no veo ningún problema en que alguien la luzca de forma pacífica”. La bandera, se refería a la bandera.

Y mientras España se desangra por la herida de Cataluña, en Andalucía seguimos a lo nuestro: poniéndonos las copas de la UEFA del Sevilla por montera. Ele.