El panorama político después del batacazo de Pedro Sánchez pretendiendo ser presidente del Gobierno con solo 130 diputados, ha entrado en una situación de caos generalizado toda vez que el rey no quiere meter de nuevo la pata proponiendo como presidenciable a un tipo con solo 90 diputados de partida.

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Congreso de los diputados, durante el intento de investidura de Sánchez

Aquí se empieza a ver una vez más que el único astuto desde el primer momento ha sido el gallego, quien en la primera y segunda ronda de conversaciones con el rey se las dio de poquita cosa y convenció al monarca que no le nominara; es decir, le convenció a que cometiera un error, porque lo lógico hubiera sido que el rey le hubiera nominado, y que una vez nominado, el gallego renunciara formalmente a formar gobierno, pasando de esa manera el turno al siguiente.

Pero no, el gallego consiguió pasar de puntillas y no ser nominado entregando la patata caliente a un descabezado que lo único que quería es ser presidente del Gobierno a toda costa porque su alternativa es la defenestración por una tal Susana y demás barones que, cuan alimañas, esperan su cadáver justo antes de descomponerse.

De esta manera, el gallego ha jugado la baza de provocar que se queme un tipo con cerebro de mosquito mientras él espera a recoger los despojos.

Efectivamente, el descabezado y el novato catalán se han juntado para quemarse conjuntamente mientras que los de Podemos y los del PP han presenciado dicha fritanga sin desgastarse lo más mínimo. A la vuelta de dos rondas de votaciones en el Congreso, todo vuelve a estar como en el 20D, aunque no exactamente igual.

Es verdad que asistimos a una aritmética de pactos imposible en la que no hay manera de ponerse de acuerdo; es verdad que vamos abocados a una segunda ronda de elecciones generales. Pero no menos cierto es que en esa segunda ronda, ya todo no va a ser exactamente igual porque por una parte ya se ha visto lo que hace Rivera con los votos obtenidos, cuyo 80% aproximadamente procedían de votantes del PP, que seguramente volverán a su origen a la vista de cómo los ha utilizado este chico. También se producirá un mayor sentimiento de voto útil, tanto a la derecha como a la izquierda, con lo que el PP sacará un mínimo de 160 diputados y Podemos superará los 100 a costa del PSOE; es decir, que los «quemados» (me refiero a Sánchez y Rivera) pagarán caras sus gilipolleces y piruetas utópicas, mientras que los astutos se dedicarán a recoger los votos desengañados de quienes creyeron inicialmente en unos irresponsables como Sánchez o Rivera.

La astucia ha llegado a venir por dos caminos: o por la experiencia (Rajoy) o por la ciencia (Iglesias), ya que en política hay dos formas de ser maquiavélico: por la propia experiencia de 30 años dedicado a engañar al pueblo (Rajoy) o por la ciencia que se tiene como fruto de ver y aprender cómo ha sido engañado el pueblo por otros a lo largo de la historia (Iglesias). En cualquier caso, en estos meses ha quedado claro que hay quien sabe y quien no sabe, que hay quien piensa y quien va descerebrado, que hay astutos y pardillos.

También ha quedado claro que en las posibles elecciones del próximo 26 de junio, el pueblo tiene poco donde elegir. Probablemente los pardillos serán castigados en favor de los astutos, pero los astutos, sean de derecha o centro, o sean de izquierdas, son los mismos, astutos, maquiavélicos, ya que la astucia no entiende de ideales. Quizá el PP haya necesitado 30 años para que todos sepamos lo que buscan, mientras Podemos solo ha necesitado 2 años para que todos sepamos que buscan exactamente lo mismo. A estas alturas, todos son «la casta», esto es todo lo que hay y todo el pescado está vendido.

Muy probablemente, el próximo 26 de junio serán irrelevantes los votos que saquen partidos como VOX, que son derecha, pero no casta, y  en cuyo programa está el verdadero progreso, moral y económico, de este país, junto a una verdadera defensa de la libertad.

Pero el próximo 26 de junio el pueblo, previsiblemente, seguirá dormido o amodorrado. Una vez más…