A Mariano Rajoy se la indigestado la derrota política del decretazo de la estiba. Ni en el fondo (en su decreto-ley han ido mucho más allá de lo que pedía la sentencia) y mucho menos en la forma le asiste la razón al Gobierno. No se ha enterado el presidente de que ya no cuenta con mayoría absoluta y las decisiones no las puede imponer, ahora tiene que negociar, ceder y pactar.

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Mariano Rajoy, ayer en Málaga. FOTO: www.pp.es

Tan deshabituado está Rajoy de estas artes democráticas que nos amenaza con convocar elecciones anticipadas. Poca cintura política demuestra cuando al primer traspié parlamentario saca el espantajo de un hipotético adelanto electoral. Si con esta pataleta pretende atenazar o marcar el territorio a la oposición, no sólo se equivoca, sino que surtirá justo el efecto contrario. Si con esta declaración intimidante busca sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado, yerra con estrépito.

El presidente solicita responsabilidad a los demás partidos y no se la aplica para sí mismo. La mayor responsabilidad es del que gobierna y, en el caso de la estiba y los que estén por venir, tiene que demostrar voluntad política para cerrar acuerdos. Su estilo inmovilista no resulta buen consejero para el pacto. El consenso requiere moverse y hablar hasta la extenuación, no imponer y sí transaccionar. Mucho tendrán que cambiar Rajoy y el PP para adaptarse a la nueva realidad política. Porque lo que tiene que quedar meridianamente claro es que no podrán a gobernar a su capricho.

PD.– Ya no se acuerda Rajoy de cuando no votaron ninguna de las directrices europeas durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y el ahora ministro Montoro se maliciaba entonces con “que España se caiga, que ya la levantaremos nosotros”.