El pasado 26 de junio se volvieron a repetir las elecciones generales en España. Y si algo quedó claro es que los españoles no quieren experimentos y prefieren “lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

Rajoy, en la azotea de la sede del PP en la calle Génova

Así, tenemos unos ciudadanos cansados de un teatro que ha durado demasiado tiempo  para que de nuevo el Partido Popular gane fuerza en votos y escaños. En esta subida del PP, han podido influir diversos factores como el miedo a Unidos Podemos o al Brexit, muchos votos que han vuelto a este partido tras habérselos prestado a Ciudadanos el 20-D y que decepcionados con el pacto con el PSOE han vuelto a sus orígenes o una seguridad que para muchos es más importante que los derechos sociales.

El PSOE, en la etapa democrática donde los ciudadanos han perdido más derechos sigue desangrándose en votos y escaños, más preocupado de no ser absorbido por Unidos Podemos que por conseguir el Gobierno. Y encima la lideresa pierde el feudo. ¿Tendrán los barones y la lideresa el poder para arrebatarle el trono a Pdr?

Unidos Podemos se las prometía felices con el millón de votos que iban a sumar tras su alianza, pero ese millón de votos se esfumó con el miedo y con el desencanto en las ciudades donde gobiernan. Pero nada de autocrítica, él como Salvador Allende ganará la cuarta vez que se presente, el fallo es el sistema electoral o unas elecciones amañadas.

Ciudadanos tras plantarle cara a Mariano Rajoy en el debate a cuatro y tras el pacto con el PSOE le ha quedado claro que tiene que mirar hacia la derecha desencantada para encontrar a sus votantes.

Tras las elecciones, la situación ha quedado muy favorable para que el PP forme Gobierno y es que las oportunidades políticas o las aprovechas o las dejas escapar, y esta vez el ego y las imposiciones/líneas rojas han hecho imposible un gobierno de izquierdas. Otra vez será.