Un paseo por el barrio de los Remedios en la ciudad de Sevilla puede hacerte consciente del “infraccionismo agudo” que sufrimos los sevillanos.

expreso-del-sur-paso-peatonesCaminas por cualquier calle y te dispones a cruzar por un paso de peatones sin semáforo. Todo parece normal hasta que, ¡oh, sorpresa!, llega el conductor que:

Opción A: va discutiendo acaloradamente por su móvil y no ve a nada ni nadie.

Opción B: te ha visto pero viene demasiado rápido y mira al frente con los ojos inyectados en sangre pensando que si no mira no estás.

Opción C: algún graciosete de un grupo de whatsapp le ha enviado el vídeo más gracioso del mundo y es imprescindible verlo ahora mismo, y claro, no te ve.

Opción D: el que llega y ante la más mínima duda por tu parte arranca como alma que lleva al diablo para cruzar ganándole así 2 segundos al día.

Opción E: el que sufre en el habitáculo de su vehículo unos 200 decibelios de regaetón, cosa que anula cualquier sentido que medianamente funcione.

Opción F: El conductor que para su vehículo, a pesar de los pitidos del conductor de atrás, y espera pacientemente a que cruces por el paso de peatones. Esta es la menos habitual.

El hecho de portar un carrito de bebé no mejora las expectativas. Uno se plantea que si España es un lugar donde los pícaros se reproducen por esporas, que lo es, ¿por qué no hay un listillo en cada paso de peatones que simplemente se lance a cruzarlo cuando pasan estos salvajes? Desde luego sería un modo de ganarse la vida usando la costumbre de los infractores compulsivos.