El pasado día  22 día de Santa Cecilia,  patrona de la música, el pianista malagueño Miguel Pérez publicó su tercera obra discográfica, titulada Amanay, una palabra aborigen majorera –natural de Fuerteventura– que significa “agua de vida”. Con este álbum, el artista ha querido rendir homenaje a la llamada isla tranquila, donde ha vivido durante los últimos cuatro años.

En la línea de sus trabajos anteriores, se trata de un conjunto de piezas para piano solo, de estilo contemporáneo, emparentadas con el gusto por el minimalismo de autores europeos como Michael Nyman (El piano) o Ludovico Einaudi (Intocable). Su música comparte también con la de estos grandes pianistas una sencilla emotividad, teñida de melancolía, y su vinculación con el cine, en tanto que fuente de inspiración y destino de algunas de sus composiciones. Ejemplo de ello es el videoclip de Amanay VI, lanzado previamente como sencillo:

En conjunto, Amanay explica la consideración de Miguel Pérez como rara avis en el mundo de la composición para piano en nuestro país: sus piezas beben de estilos poco explorados y se destilan en una interpretación sutil, sólo en apariencia sencilla. Un sonido que ha contado con la experiencia de Adolfo Langa en las labores de producción, así como la mezcla y masterización de Jordi Gil en los Estudios Sputnik, donde se han realizado estas tareas para prestigiosos músicos como Fahmi Alqhai, César Camarero y Arcángel, entre otros.

miguel perez 1

Con la grabación de Amanay, Miguel Pérez (Málaga, 1976) alcanza uno de los momentos cumbre de su amplia trayectoria musical que, iniciada a los 14 años, ha incluido la grabación de sus composiciones para la Radiotelevisión Andaluza y Radio Nacional de España, y su estreno en espacios como el Auditorio Nacional de Música de Madrid, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando o la Expo’98 de Lisboa. Amanay representa el último paso en una depuración formal que comenzó con Biotza (2010) y Oporto (2013), y también el broche de oro a una etapa de su vida: en este momento, Miguel Pérez siente la necesidad de despedirse de los escenarios –el tiempo dirá si de forma definitiva– para seguir dedicado a la docencia y a transmitir su pasión por la música.

 

FRANCIS SALAS

Redactor // Fotógrafo