El documental Sucedió en Grazalema rescata del olvido el recuerdo de 15 mujeres y un adolescente asesinados en 1937 y enterrados en una fosa común cerca de la cuneta de la carretera que une la localidad gaditana con Ronda.  

La Diputación de Cádiz ha aprovechado el 80 aniversario de la ocupación de Grazalema por parte de las tropas golpistas para presentar un documental que huye de los elementos más trágicos –es una decisión reflexionada, así lo aseguran sus promotores- para centrarse en la trayectoria de las mujeres asesinadas: quiénes eran, a qué se dedicaban, a qué sociedad pertenecían. Una indagación que permite concluir “que eran personas normales”, que demasiado tenían con sobrevivir en una España desgarrada por la guerra civil, de la que no eran más que unas víctimas, otras más, de ahí que “no merecían ese final” sepultadas en en la finca de Retamalejo. Quien habla de tal injusticia es David Doña, guionista del documental y periodista del gabinete de prensa de la Diputación gaditana.

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Las 16 personas tristemente protagonistas de Sucedió en Grazalema son Teresa Castro Ramírez, Salud Alberto Barea, Catalina Alcaraz Godoy, Isabel Atienza Gómez, Josefa de Jesús Gómez, Isabel Barea Rincón, María Barea Rincón, Ana Fernández Ramírez, Cristina Carrillo Torres, Lolita Gómez, María Josefa Nogales Castro, Teresa Menacho, Antonia Pérez Vega, María Isabel Román Montes, Natividad Vilches y Francisco Peña García ‘el Bizarrito’.

Familiares de las víctimas, participantes del documental, el equipo profesional que recuperó los restos de la fosa en el verano de 2008, representantes de colectivos de memoria histórica y numerosos vecinos acudieron al estreno hace unos días en Grazalema. Entre ellos destacaba la presencia de Teresa Sánchez Barea quien, con 7 años, fue testigo de la detención de su madre (María Barea Rincón), su tía (Isabel Barea Rincón) y su prima (Salud Alberto Barea) por un grupo de falangistas. No volvió a verlas.

El documental aporta novedades para la historia local grazalemeña: hasta ahora se consideraba que las mujeres fueron asesinadas al final del verano de 1936, coincidiendo con la ocupación del pueblo por las tropas franquistas en septiembre de dicho año; y no fue así: las detenciones y posteriores ejecuciones se produjeron en 1937 cuando regresan a Grazalema, desde la provincia de Málaga, gran parte de los vecinos que huyeron del asedio de los militares sublevados.

Ese dato confirma que “no fueron ejecuciones en caliente, sino producto de una estrategia premeditada y sistemática”. El alcalde de Grazalema también destacó los beneficios de la buena política: aquella que permite que dos instituciones como la Diputación y el Ayuntamiento pudieran recuperar los restos de estas represaliadas en el año 2008 y enterrarlas, dignamente, en mayo de 2009.