Hay quienes la presentan con ciertas similitudes con Troya. Una ciudad mítica, de fuerte impronta cultural, como “una suerte de paraíso perdido” cuya breve trayectoria como ciudad califal –las luchas internas de Al-Andalus pronto apagaron su esplendor- alimenta esa imagen misteriosa que sobrevuela  Medina Azahara.

medina azaharaCórdoba está por derecho en la nómina de Ciudades Patrimonio Mundial gracias a las distinciones que desde 1984 han venido recibiendo la Mezquita, la Judería, Los Patios, el flamenco y hasta la dieta mediterránea (estos dos últimos títulos los comparte con el resto de España). A esa lista puede unirse próximamente Medina Azahara, ese es el objetivo desde que en 2014 el complejo arqueológico cordobés entrara en la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial, un paso previo a su catalogación como Patrimonio de la Humanidad.

Durante cuatro años, la candidatura de Medina Azahara tiene que demostrar su valía para ser merecedora del título prescrito por la UNESCO. Estamos en ese tiempo en el que los promotores de la candidatura –principalmente, la Junta de Andalucía, propietaria y gestora del yacimiento- se afanan en dar visibilidad al proyecto. En esta clave desde la Consejería de Cultura preparan el Congreso Internacional Medina Azahara y las ciudades islámicas Patrimonio Mundial, que se celebra del 10 al 13 de febrero ante expertos en patrimonio de todo el mundo.

Hasta Córdoba vendrán voces más que autorizadas en materia de conservación y gestión de los sitios islámicos declarados Patrimonio Mundial. A lo largo de cuatro días ponentes y participantes constituirán un foro de discusión en torno a los valores que hacen merecedora a Medina Azahara de su declaración como Patrimonio Mundial y un lugar de encuentro y de intercambio de experiencias en torno a la gestión de las ciudades islámicas incluidas en la Lista Representativa de la Unesco. Se espera la presencia de representantes de las ciudades califales de Anjar, en Líbano; Qusayr Amra, en Jordania; Samarra, en Irak; y Qal’a des Benis Hammad, en Argelia.

La explicación de Medina Azahara y de su candidatura ocupa un lugar preeminente en el Congreso en base a los valores universales excepcionales de este sitio irrepetible, que ha movido a la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía a postular su candidatura para ingresar en el selecto grupo de los bienes declarados Patrimonio Mundial. Junto con las ponencias, el programa de visitas a Córdoba y a la propia Medina Azahara y su territorio es de vital importancia para dar a conocer a especialistas y asistentes los valores de la ciudad califal.

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Así, participarán en visitas guiadas por expertos su parte excavada, que se corresponde con el sector central del alcázar o palacio, las canteras de donde se extrajo la piedra para su construcción, el acueducto que la abasteció de agua, los caminos y puentes que permitieron su conexión con Córdoba y Al-Andalus y grandes fincas de recreo y explotación agropecuaria que surgen a su alrededor.

   

Medina Azahara, resplandor Omeya

Fundada en el año 936 por el primer califa omeya de al-Andalus, Abd al-Rahman III, Medina Azahara aporta un testimonio excepcional de la desaparecida civilización islámica andalusí y constituye un ejemplo único de su época más floreciente, el Califato (929-1031).

La ciudad de Medina Azahara fue sede y símbolo de un estado que rigió los destinos de la mayor parte de la Península Ibérica durante casi 100 años y que hizo de Córdoba y de su nueva ciudad la gran metrópolis del occidente europeo.

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Para su emplazamiento, el califa Abd al-Rahman III eligió un lugar al oeste de Córdoba, a caballo entre la sierra y las ricas tierras de la vega del Guadalquivir. La ciudad, un rectángulo de 1500 m. por 750 m., trepa por la ladera de la montaña, donde se instala escalonadamente el alcázar, residencia del soberano y sede de los órganos de gobierno, por encima de la medina, expandida por la llanura, donde viven los gobernados.

Toda una serie de infraestructuras de abastecimiento de agua y de materiales de construcción, así como de caminos y asentamientos, permitieron la vida autónoma de Medina Azahara. Gran parte de ellas persisten en la actualidad y cualifican un territorio histórico que forma parte consustancial de la propia ciudad.

Tras su abandono y destrucción a comienzos del siglo XI, Medina Azahara fue olvidada y expoliada, pero quedó en la memoria de las gentes y de los poetas como símbolo de la edad de oro del Califato cordobés.

En 1911 comenzaron las primeras excavaciones, dando inicio a un proceso de recuperación (excavación y restauración) ininterrumpido hasta la actualidad. De su enorme extensión solo se ha excavado un 10%, correspondiente al sector central del Alcázar, que domina la ciudad desde las cotas más altas. Su urbanismo, su arquitectura y sus materiales artísticos, unidos al excepcional paisaje de su ubicación, hacen de Medina Azahara la expresión más acabada de la herencia cultural del Califato cordobés.