Fue Picasso quien dijo que “el arte es una mentira que nos acerca a la verdad”. La pintura de María José Ruiz (Montilla, 1966) se viste de la verdad subjetiva de quien se siente libre de mentiras. Sus cuadros no mienten, nos regalan una visión inesperada de esa realidad que está ahí, ante nuestros ojos, pero a la que apenas le echamos cuentas.

Esa es su originalidad: pintar lo que existe pero a pocos le interesa. Ya sea un morenazo en vaqueros camino de la feria o un Gran Capitán guerrero, nada cortesano y sin gorro de terciopelo, que acaba de recibir el primer premio –valorado en 9.000 euros- del concurso de pintura convocado por el Ayuntamiento de Montilla con motivo del quinto centenario de la muerte de Gonzalo Fernández de Córdoba.

La pintora nos invita, coqueta y divertida como siempre, a descubrir su nuevo refugio junto a la Plaza de las Tendillas de Córdoba. El estudio sorprende incluso antes de abrir la puerta, aquí ni el ascensor es aburrido, te invita al color de membrillos y limones a pasar al lugar donde cobran vida esos improvisados modelos que elige por la calle, como Eduardo, un cirujano de la Clínica Dental Oralperio que ya ha quedado inmortalizado como el rostro del Gran Capitán del siglo XXI.

 

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P. ¿Por qué le interesó ahora la figura del Gran Capitán?

R. Desde que terminé mi anterior cuadro de San Juan de Ávila y su traslado a Roma, tenía pensado hacer el resto de personajes históricos de Montilla, y ahora le tocaba al Gran Capitán. Siempre ha sido una figura que me ha interesado, cuando yo estudiaba el quinto curso de Derecho, en la asignatura Filosofía del Derecho hice un trabajo sobre el Gran Capitán. Desde entonces, yo tenía en mente un cuadro para este personaje, hasta que se cruzó este concurso. Además se da la circunstancia que el Gran Capitán murió un 2 de diciembre, mi día de nacimiento. Había algo entre él y yo y tenía que pintar este cuadro.

P. Vemos en su cuadro un Gran Capitán joven…

R. He elegido pintar un militar joven para que la juventud entrara en el personaje. Mi Gran Capitán es un héroe casi moderno, su tipo de rostro entronca con el perfil de héroes de nuestro tiempo como Superman. Es un cuadro épico, no es real porque obviamente un general no acaba así una batalla, pero sí es un cuadro que sigue la tradición del retrato ecuestre. No había un retrato de estas características en la historia de la pintura sobre este personaje tan importante y pensé mucho en cómo quería presentar mi Gran Capitán, al final opté por una figura militar, no un cortesano. He tenido la osadía de quitarle la gorra de terciopelo pero es lo que quería.

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P. ¿Cómo ha sido el proceso de elaboración del cuadro?

R. Este cuadro está pintado durante el verano, durante un verano de calor insoportable en Córdoba, a lo largo de más de dos meses sin descanso y sin playa. He manejado más de 3.000 fotografías, pero nunca tuve ante mí la imagen global, es decir, ese caballero subido en ese caballo con esa armadura… El cuadro final ha sido como producto de unir un puzle que es mi forma de pintar. Empecé por el caballo, tuve cinco sesiones de fotografía en Caballerizas Reales. La armadura la encontré en la Casa de las Cabezas, una casa-museo ubicada en la Judería. Es una armadura cincelada renacentista que tiene en un puño una alegoría de la justicia. He pintado ese puño junto a la mano que descansa sobre la espada, también de forma alegórica. Y dejé para el final al Gran Capitán…

P. La historia de cómo conoció al modelo me interesa…

R. Durante aquellos días andaba por la calle buscando mi Gran Capitán. Veía grandes capitanes por todas partes pero no me convencían, hasta que una noche sentada en la terraza de un bar pasó delante mía… Aquel chico que andaba por aquel bar se llama Eduardo López Ramírez. De él me gustó que tenía un rostro renacentista: arco superciliar muy marcado, igual que los músculos cigomáticos de las mejillas, y una punta de fuerza en la nariz que imprime gallardía al personaje.  No lo conocía de nada, pero casualidades de la vida, su mujer estuvo en mi estudio de Montilla hace diez años en un viaje en el que perdió los diamantes de un anillo que le había regalado, por entonces, su novio, hoy su marido. Días después aquel desconocido estaba posando en lo alto de un caballo en Caballerizas Reales. Como una historia de película.

 

  “ME GUSTARÍA QUE EL CUADRO

SE QUEDARA EN EL CASTILLO DE MONTILLA,  

DONDE NACIÓ EL GRAN CAPITÁN”

 

P. Supongo que esta pintura resuelve esas cuentas pendientes que tenía con el Gran Capitán.

R. Sin duda. Ha quedado una imagen del Gran Capitán que transmite mucha fuerza y representa a un gran estratega con la mirada que sale fuera de campo. Lo que yo tenía en mente se ha cumplido, los espectadores han identificado al personaje y los rasgos que yo quería resaltar. Estoy muy satisfecha.

P. ¿Y del caballo qué le dicen?  

R. Desde el principio quise hacer del cuadro mi pequeño homenaje no sólo al Gran Capitán y a los militares, sino también al caballo español. Desde Córdoba se está promoviendo la declaración del caballo de pura raza española como patrimonio inmaterial de la humanidad y ahí queda mi homenaje. Muchas personas me dicen que el caballo les resulta tan espectacular como el caballero.

P. Imagino que pintó este cuadro para ser expuesto en…

R. Esa decisión no me corresponde a mí, pero me gustaría que se quedara en el Castillo de Montilla, donde nació el Gran Capitán.

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P. Este premio le llega meses después de conocer al Papa, ¿cómo fue aquella experiencia?

R. El hecho de ir al Vaticano a entregar el cuadro de San Juan de Ávila donado por el pueblo de Montilla al Papa lo recordaré siempre. Fue un cuadro que también me ocupó mucho tiempo, con un gran esfuerzo durante ocho meses, pero todo quedó compensado cuando vi a mis sobrinos saludar al Papa delante de un cuadro con un patio de Montilla iluminado por la luz que aquel día había en Roma.

P. ¿Le deparará algo más este 2015?

R. He tenido la oportunidad de participar en otros proyectos distintos, aunque relacionados en parte, a la pintura. Pronto se estrenará un mediometraje de Ernesto Hita titulado “Kopfschmerzen, Die Bestia” en el que me invitó a participar como actriz. Se podrá ver en la Filmoteca de Andalucía de Córdoba, dentro del Ciclo Discapacine. Es un trabajo digno sobre esa enfermedad tan terrible que es la cefalea. Además, participo con un cuadro en el tour por Estados Unidos que va a realizar la exposición Faces of Christ de la colección de Steen Heidemann.

P. ¿Está en su mejor año?

R. Está siendo un año importante. Comenzó con el traslado de mi estudio a Córdoba, al número 2 de una calle maravillosa como es Cruz Conde, en un edificio de grandes ventanales que tiene aura, con una luz impresionante.

P. Un estudio en el centro de Córdoba rompe con esa imagen clásica de pintor alejado del mundanal ruido.

R. Estoy en una zona muy ambientada con mucha gente alrededor, es cierto, pero cuando pinto estoy sola en mi estudio. La esencia melancólica de todo artista la llevas desde que naces hasta que mueres, ya estés pintando en un pueblecito perdido de La Mancha o en Nueva York. Siempre tienes ese deje de tristeza, siempre. Y lo bueno de un estudio en el centro de Córdoba es que, al menos, dentro de esa soledad, estás menos sola porque siempre ves gente por la ventana.

P. Por cierto, para pintar, ¿prefiere el día o la noche?

R. Siempre el día. Sólo me es posible pintar con la luz de sol, con luz artificial no me salen los colores y me agobio mucho. De hecho, mis cuadros hay dos cosas que no resisten: ni una foto ni la luz artificial. No tienen nada que ver mis cuadros en una foto que en la realidad ni visto en una exposición a cubierto o al sol.

mjruiz4P. Presiento que se le va a quedar pequeña Córdoba…

R. La verdad es que ahora vengo del Festival de Cine de San Sebastián y vengo encantada de la ciudad (risas). No sé si se me va a quedar chica porque aquí tengo a mi familia y amigos. Eso sí, este verano he descubierto el calor o la calor de Córdoba porque yo venía de vivir en una casa fresquita de Montilla. Córdoba, como cada ciudad, te ofrece sus cosas, eso sí de junio a agosto a lo mejor me voy a otro sitio.

 

P. ¿Cómo define su pintura?

R.. Mi pintura es realista. He tocado durante mi trayectoria otros estilos, pero siempre me interesó el lenguaje del realismo. Es más, todo se puede contar con el realismo, estamos en la era de la imagen y el realismo está en boga. Cuando yo empezaba a pintar y me presentaba a los concursos, casi tenía que pedir perdón por ser una pintora realista… Me gusta la magia de la tridimensionalidad. El elemento más identificativo de mi pintura es un ajuste tonal muy exhaustivo y el color suele ser bastante personal. Como decía antes, siempre parto de modelos reales pero nunca es una realidad completa, una parte de mis cuadros me la invento yo y otra parte la pone el espectador. No es una pintura hiperrealista, como algunos la califican.

P. ¿Está cómoda en el halago?   

R. A todo el mundo le gusta, más que la halaguen, que le reconozcan su esfuerzo. El cuadro del Gran Capitán lo empecé a pintar con la ilusión de crear una gran obra, me he esforzado durante varios meses para conseguirlo y cuando he visto que mi mensaje llega al público, ese es mi mayor halago. Ahora bien, si además te reconocen con un premio que lleva el nombre de un gran personaje de la historia, el orgullo es mayor.

 

“HOY PARA QUE LAS COSAS TENGAN UN HUECO QUIZÁS HAY QUE EXAGERARLAS UN POCO”

 

P. ¿Normalmente a un artista le gusta más que su obra provoque algo de polémica a que pase desapercibida?

R. Si, por supuesto. Hoy para que las cosas tengan un hueco quizás hay que exagerarlas un poco.

P. Entonces, ¿su cartel de las Fiestas de Mayo de Córdoba de 2013 fue exagerado?

R. Mi intención con aquel cartel no fue para nada exagerada. Yo no era ni consciente de lo que iba a crear, no me imaginaba que la polémica llegara a tanto. Mi idea era romper un poco con el machismo tan ancestral que ha existido siempre en toda la cartelería, simplemente eso. Al parecer hubo gente que lo malinterpretó. En cambio, Álvaro Romero Bernal, catedrático de Periodismo, en Cambio 16 escribió un magnífico artículo sobre el cartel, lo tituló “El chiquito piconero contra el machismo”. Quien de verdad entendió la obra, lo supo apreciar. Espero que ocurra lo mismo con este Gran Capitán.

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P. Viendo su Gran Capitán y recordando ese cartel de feria, ¿está cotizado ser modelo suyo?

R. Cualquier persona que tenga las características del personaje a pintar, puede ser modelo. No tengo prejuicios ni de rostros ni de tipologías. Antes quizás sí, pero cuanto más pinto más amplio es mi abanico de posibilidades en cuanto a físicos y expresiones. Para este cuadro necesitaba justo el modelo que he encontrado, he tenido mucha suerte.

SALVA LORIGUILLO Fotos: FRANCIS SALAS

Viajas en un tren hecho con cachitos de Andalucía.