Hace unos días cumplía 81 años y su nombre continúa haciendo camino entre la cultura de Andalucía. Desde el sábado es la primera mujer distinguida como Ateneísta de Honor de Andalucía. No conozco a nadie al que le caiga mal a María Galiana. La televisión nos hace así, odiamos a gente sólo porque se nos atraviesa cuando la vemos en alguna película, serie o entrevista. Pero de María Galiana nadie habla mal.  

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María Galiana en el papel de Herminia, en ‘Cuéntame’

Su nombre nunca va a aparecer en una lista de empresas y personajes evasores de impuestos porque la abuela del Cuéntame nunca haría eso a los españoles. Los hijos y los yernos son otra cosa, ya se sabe. Ella está ahí para cuidarnos, para recordarnos siempre cuál es nuestro deber, para mantener unida a la familia por mucho que se descosa como un balón de fútbol roto de recibir patadas. Lo sé, el suyo es solo un papel en una serie de éxito, pero abuelas como Herminia, o como María Galiana, hay muchas. Hablo por experiencia propia. Y deberían seguir existiendo, por supuesto que sí.

Nació en plena Guerra Civil. Crecer en un país raído por las heridas de un conflicto bélico te impregna de una sabiduría vital que no se te cae nunca. No nacemos sabiendo cómo protegernos de nuestros semejantes. De las enfermedades nos cuidan los médicos, pero quién nos defiende de la puñetera condición humana. María Galiana da la sensación de saber los secretos del ser humano, sus manos lo saben todo, si me apuran, incluso, la fórmula de la Coca-Cola.

En mujeres como María Galiana la arruga es bella. España la descubrió un jueves al azar entre una familia televisiva de pueblo que viajó en busca de las habichuelas a Madrid. Hasta ese momento, la calidad humana de aquella actriz novel había sido patrimonio exclusivamente de su alumnado, de las generaciones de estudiantes de varios institutos sevillanos donde ella se había ganado la vida como profesora de Historia e Historia del Arte. Fue tras su jubilación, en el año 2000, cuando probó fortuna en la interpretación de modo profesional. En 2001 entraba en el reparto de Cuéntame y desde entonces cada jueves nos receta fe en la condición humana. Viene a decirnos que no todo está perdido. Y nosotros la creemos. Porque las abuelas nunca nos mentirían…

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María Galiana, junto a autoridades y ateneos a las puertas del Teatro Cervantes de Málaga. FOTO: Consejería de Cultura

Su elección como Ateneísta de Honor repara la torpeza de quienes aún no habían encontrado a una mujer en Andalucía para recibir tal distinción. Nunca es tarde… bueno, recurramos al refranero. En Málaga, en el Teatro Cervantes, Maria Galiana agradeció el abrazo de los Ateneos Andaluces acunando a las Humanidades, a las que se dedicó tantos años en las aulas y para las que reivindicó un mayor protagonismo en una sociedad “enmemecida”.

Así estamos, en una sociedad donde las abuelas piden menos tiempo para los memes. Habrá que hacerles caso. Porque las abuelas nunca nos mentirían…

SALVA LORIGUILLO

Redactor. Aprendiendo de Andalucía.