El invierno avanza en Málaga entre las sesiones del 33 Festival de Teatro. El Cervantes y el Echegaray repiten como escenarios principales, custodiados esta vez por el Museo del Vino, el Hotel AC Málaga Palacio, Off y Microteatro como sedes complementarias. En todos estos espacios el teatro pide paso hasta el 14 de febrero con obras  -39 montajes en total, 12 estrenos absolutos- para todos los públicos y de temática bien distinta.

Por el Cervantes aparece mañana con los actores de Atalaya la representación MARAT/SADE, nombre abreviado de Persecución y asesinato de Jean Paul Marat, representado por el grupo de actores del Hospicio de Charenton bajo la dirección del Señor de Sade. Se trata de uno de los títulos referenciales del teatro europeo del siglo XX. Escrito en 1964 por Peter Weiss, autor alemán, aborda los años posteriores a la Revolución Francesa, si bien por su lenguaje y su visión resulta de una extraordinaria actualidad.

maratsade1

Marat fue uno de los ideólogos de la revolución; coautor de la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, en representación del ala izquierda. Por su parte, el Marqués de Sade, uno de los personajes más controvertidos de la historia contemporánea, daría origen a términos como “sadismo” o “sado”.

La obra se inscribe en “teatro dentro del teatro” al ser interpretada, supuestamente, por internos del psiquiátrico donde Sade está recluido, con la excepción de quien encarna a la autoridad, el prefecto Coulmier, representante del orden establecido.

A través de Marat, de su asesina -Carlota Corday-, de Sade, de Coulmier y del cura revolucionario libertario Jacques Roux, se presentan las diferentes posiciones ante la revolución, mientras el pueblo es encarnado por el coro de “locos” y por el grupo de cómicos cantores que, junto al presentador, confieren al montaje un estilo musical.

maratsadeEl dilema de la obra gira en torno a la lucha dialéctica entre el individualismo y lo colectivo, entre la violencia y la sumisión, entre la honestidad y la corrupción.

La obra posee dos lenguajes que han sido determinantes en el último medio siglo el del teatro épico de Brecht y el del teatro de la cruedad de Artaud, pero también aflora el grotesco de Merjehold; los tres ejercen una enorme influencia en las escenificaciones de Atalaya.

La veintena de tema interpretados en vivo confieren al montaje un aire de musical y sobresale en su estructura la propuesta de teatro dentro del teatro; el público se sienta ante actores coétaneos que encarnan a enfermos del manicomio de Charenton, que interpretan en 1808 a personajes de la Revolución Francesa. Si los protagonistas datan de 1793, los elementos escénicos- escenografía y vestuario- bien podrían ser de 1808, mientras que la composición musical y la iluminación- que configuran la especificación intangible – resultan contemporáneos. En todo caso Atalaya ha querido universalizar la obra, tanto en el tiempo como en el espacio obviando en buena parte su concreción. Resultan de enorme actualidad las luchas dialécticas entre el individualismo, que representa el marqués de Sade, y la apuesta por la colectividad, encarnada por Jean Paul Marat; entre la actitud sumisa ante los poderosos de una parte de la sociedad y la rebeldía de la otra; entre la corrupción y la honestidad.