En el ecuador del otoño, la castaña se cuela en las cocinas de toda España para transportarnos hacia uno de los sabores más típicos de los primeros fríos. Ahora que el invierno se deja intuir en el calendario, muchas comarcas del país celebran fiestas y jornadas gastronómicas en torno a la castaña, como ocurre en la provincia de Málaga, donde la Ruta de los Castaños da vida al ‘Bosque del Cobre’, como reza la campaña de promoción diseñada por la Diputación de Málaga para promocionar a diez municipios del Valle del Genal (Alpandeire, Benalauría, Cartajima, Faraján, Genalguacil, Igualeja, Jubrique, Júzcar, Parauta y Pujerra) y a uno de la Sierra de las Nieves (Yunquera).

castaños del genal

El castaño, junto con el pinsapo, es uno de los elementos que mejor identifican a la Serranía de Ronda y, más concretamente, al Valle del Genal, que en estas fechas se presenta como un decorado de castaños de una tonalidad difícil de repetir. Cada año, se obtienen en torno a 4 millones de kilos, lo que supone un movimiento económico en torno a los 6 millones de euros. Y cerca de 1.500 familias se dedican a ello plenamente.

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El paseo por esta Ruta de los Castaños, tiene en Igualeja, el pueblo más grande de la Ruta de los Castaños, una parada irrenunciable para ver el nacimiento del río Genal, que recorre gran parte de la Serranía antes de unirse al río Guadiaro. El manantial se encuentra situado a la entrada del pueblo, del interior de una gruta surge el agua cristalina, que posteriormente se concentra en unas balsas con pequeñas cascadas.

Los senderos que vertebran esta ruta están pensados para disfrutar de esa otra naturaleza menos conocida de la Andalucía de interior. Caminos aptos para el senderismo, para ser recorridos sin prisas y con la compañía de esos calurosos rayos del sol otoñal de Andalucía que se dejan ver entre los castañares.

En los municipios, al margen de la mencionada Igualeja, merece la pena una visita a Cartajima, donde hay restos de un castillo árabe que se pueden observar desde la misma carretera, y a Parauta, famosa por sus alfombras artesanales y por ser el primer pueblo ecológico de Málaga, con sus dulces de castañas a la cabeza.

Casares, el otro castañar malagueño

Sin abandonar la provincia de Málaga y a escasos kilómetros de la Costa del Sol, la localidad de Casares también resplandece en los tiempos de recolección de la castaña. Cuna de Blas Infante, este municipio hace del tostón de castañas una fiesta singular, que actualmente rememora aquellas noches de otoño en las que los monaguillos se turnaban para tocar las campanas de la iglesia mientras cogían fuerzas comiendo castañas asadas.

casares

El caserío blanco típico de los pueblos andaluces tiene en Casares un ejemplo espectacular. Junto al blanco de las fachadas de sus casas y sus calles empedradas, el perfil de la ciudad está presidido por un Castillo con vistas hasta la Bahía de Algeciras y la Serranía de Ronda.

Los restos que se conservan de la fortaleza, así como los resultados de las diversas excavaciones realizadas en su solar, no arrojan datos sobre asentamientos anteriores al medievo. Así, las primeras referencias a esta fortaleza son de fuentes árabes del siglo XIII, cuando, formando parte del protectorado benimerín, Casares adquirió gran importancia como una de las fortalezas situadas entre el litoral del Estrecho y las sierras del interior.

El recinto amurallado tiene forma de polígono irregular con diversos entrantes y salientes provocados por los condicionantes topográficos, ya que el muro, especialmente en sus partes sur, oeste y norte, sigue el borde de un profundo barranco conocido como “la planá”. Es por ello por lo que la muralla no llega a tener gran altura, siendo en algunas partes (principalmente al borde del barranco) un simple muro quitamiedos.

Con respecto a las puertas de ingreso, en el flanco se encuentra la única puerta de acceso a la fortaleza, conocida como “Arco de la Villa”. Se abre en el interior de una torre de planta cuadrada, formando un pasadizo acodado, en el que actualmente se ubica el Museo de Etnohistoria.