Antonio María García Blanco, cura de Osuna (1800-1889) fue una ‘rara avis’ en el panorama de la intelectualidad española del siglo XIX. Como político pasó por ser un diputado exaltado y un referente para los presidentes de la Primera República, como escritor participó de la rica literatura autobiográfica de la época. Las Memorias de un cura exaltado, edición de Manuel Moreno Alonso (Alfar), constituyen una obra excepcional por su interés como fuente de primera mano para el conocimiento de casi toda la centuria decimonónica.

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Portada del libro editado por Alfar

Con dificultad podrá encontrarse un testimonio autobiográfico comparable por su originalidad y criticismo político, religioso y social, en el que el autor, Antonio María García Blanco hace de historiador, de novelista, de político y de profeta al ocuparse de lo que ha visto pasar en el siglo XIX: los gobiernos, los reyes, los ministros del altar y del trono, los pobres, los ricos, los caciques, las mujeres, los estultos, los ladrones…

Humanista por encima de cualquier otra consideración, practicó sus ideas y dio ejemplo de ellas como párroco rural, en medio de las gentes sencillas del pueblo, como diputado en las Cortes, como profesor eminente en las polémicas universitarias de su tiempo, y como educador infatigable y auténtico.

Hijo de un diputado liberal de 1820, experimentó en su propia familia la persecución de Fernando VII. En su Osuna natal inició su estudio del hebreo que terminó ya en Madrid. Pronto se ordenó sacerdote, su primer destino como cura fue la onubense Valdelarco entre 1827 y 1831. De ahí pasó a Écija y más tarde a Sevilla, donde fue catedrático de Hebreo de 1833 a 1836. Ese año fue elegido diputado en las Cortes Constituyentes dentro de las filas progresistas, trasladando a Madrid su cátedra que mantuvo hasta su jubilación, aunque entre 1858 y 1868 vivió en Marchena –así lo recoge Fernando Durán- como consecuencia de un alejamiento político de sus círculos habituales. En 1868, con la instauración de la República regresó a Madrid como decano de la Facultad de Filosofía y Letras, desde donde ejerció una gran influencia intelectual y política sobre las autoridades republicanas. Su jubilación en 1877 permite su regreso a Marchena, después a Sevilla y, por último en 1883, a Osuna.

Actor en primera persona de acontecimientos relevantes para el país durante su vida, las memorias del cura García Blanco se convierten, en manos de historiadores, en una excelente fuente de información. Así lo entiende el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla Manuel Moreno Alonso, quien de la mano de la editorial Alfar, se ha lanzado a recuperar una de esas figuras históricas relegadas al olvido.