¿Qué es Andalucía? El debate permanentemente abierto, imposible de clausurar. Tantas interpretaciones hallamos como miradas se posan sobre el extremo sureño de la España peninsular. ¿Es la de Andalucía una historia reciente colmada de complejos? ¿Tal vez de estereotipos en los que todos hemos acabado por acomodarnos? La Retórica del Sur. Representaciones y discursos sobre Andalucía en el período democrático (Alfar, 2015) viene a ofrecer un análisis crítico sobre esa imagen que se ha ido levantando de Andalucía, desde dentro y desde fuera, de mediados de los años setenta del siglo pasado hasta el 2012.

La visión crítica corresponde a Antonio Gómez L-Quiñones y José Manuel del Pino, profesores de Literatura en Dartmouth College, una de las 15 universidades más prestigiosas de EEUU y atalaya privilegiada para sacar jugo a los textos literarios, filmes, productos audiovisuales y discursos políticos, entre otros, que cimientan este proyecto.

autores la retorica del sur

Los autores posan con el libro en la Universidad de Dartmouth

PREGUNTA (P). El trabajo arranca con el análisis de textos de la década de los 70 del pasado siglo, ¿qué imagen de Andalucía predominaba entonces?

RESPUESTA (R). Nuestro volumen asume que, en la evolución de la imagen de Andalucía, no ha habido ningún corte radical y definitivo. En el fondo, muchos de los ejes que articulan dicha imagen vienen de los siglos XVIII y XIX. En el periodo democrático, más que un nuevo paradigma, encontramos nuevas entonaciones de problemas y asuntos bastante antiguos: las relaciones con el resto de España y con el norte de África, la inmigración, las crisis económicas, el folklore andaluz, el turismo, etcétera.

(P). ¿Ha cambiado mucho esa imagen en la actualidad?

(R). La imagen actual de Andalucía se ha visto afectada por factores como el autonomismo y el imperativo de las identidades nacionales, la entrada en la Unión Europea y sus discursos modernizadores, y el enorme desarrollo de la industria turística e inmobiliaria. En el fondo, estos tres factores apunta a las dificultades de una región, todavía en desarrollo, para encajar en los esquemas canónicos del progreso y la (tradicionalmente deficitaria) “europeidad” de España. La crisis económica de 2008 y ciertas narrativas sobre el carácter dependiente y subsidiario del sur de Europa solo han complicado esta imagen de Andalucía como zona limítrofe del proyecto europeo. Evidentemente, el problema de la mirada exterior sobre Andalucía cambia sustancialmente si dicha mirada se produce desde el sur (es decir, desde el norte de África) y no desde el norte continental.

(P). La llegada de la democracia y el debate de si Andalucía era o no una comunidad histórica, ¿influyó para bien en cómo se nos veía desde otros puntos del país?

(R). Influyó y mucho. Una manera de entender el proceso autonómico durante el inicio del periodo democrático es concebir la fragmentación del nacionalismo español (que por supuesto no desaparece) en un conjunto de nacionalismos regionales. Algunos de estos nacionalismos tienen más  tradición y éxito que otros. No pensamos que políticamente el nacionalismo andaluz haya demostrado ser especialmente influyente ni duradero. Ahora bien, desde el punto de vista cultural, ha surgido una red de organismos de gestión y promoción cultural que tienen a “lo andaluz” en el centro mismo de sus planteamientos y objetivos.  En este sentido, el debate de Andalucía como “comunidad histórica” ha tenido un efecto material y palpable en cómo se concibe, produce y disemina la identidad y la cultura andaluza.

“Fantasear con una colectividad que vive parasitariamente de la mayoría es un mecanismo que podemos observar en la historia de otros muchos países”

(P). En líneas generales, ¿la imagen que proyectan los autores andaluces sobre Andalucía es más condescendiente que la ofrecida por los autores “de fuera”?

(R). Más que hablar de condescendencia, pensamos que los autores andaluces tienen que negociar una serie de expectativas y discursos icónicos sobre Andalucía muy exitosos, que además pueden resultar altamente productivos. Cómo jugar con dichas expectativas (para satisfacerlas, frustrarlas o ambas a la vez) se vuelve un asunto inevitable en el caso de manifestaciones culturales como el flamenco, la Semana Santa, la relación con el paisaje, el toreo o el turismo. La imagen de Andalucía es, sin duda, un problema cultural, pero no podemos olvidar que forma parte consubstancial también de muchísimas actividades económicas de gran importancia para la zona. Es por esto que encontramos abundantes ejemplos de consciente y premeditada auto-exotización y auto-folklorización. Expresado de otra forma, Andalucía es objeto pero también sujeto activo de las imágenes y discursos que, tanto interna como externamente, la han definido.

(P). Lejos de Andalucía, ¿cuánto tiene de estereotipada la imagen de nuestra tierra?

(R). La imagen internacional de Andalucía es algo difícil de determinar porque, como demuestra nuestro volumen, esto depende del tipo de discurso que analicemos, del lugar de donde venga y de la función social que cumpla. Ahora bien, no pensamos que la imagen popularizada de Andalucía y por extensión de España, por ejemplo, en los Estados Unidos sea “más” o “menos” estereotípica que la de Italia o Francia. Otro debate distinto es si los elementos que constituyen dicha imagen dejan entrever prejuicios que resulten incómodos o incluso ofensivos. En general, los artículos de nuestro volumen prestan atención a textos que abordan y deconstruyen la imagen de Andalucía con bastante inteligencia y sagacidad.

autores la retorica del sur detalle

(P). Recuerdo las declaraciones hace varios años de Duran i Lleida sobre los andaluces y el PER. Lo de tierra de analfabetos y vagos es un sambenito que nos persigue…

(R). El uso de argumentos sobre el supuesto carácter o personalidad de una región para justificar o denunciar su pobreza o atraso es un argumento político bastante efectivo y viejo. Ahora bien, desde un punto de vista intelectual, no tienen ningún sustento.  En el fondo, en este tipo de afirmaciones sobre grupos económicamente desfavorecidos se conjuran ansiedades sobre las propias carencias y los propios deseos. Andalucía o Extremadura han sido el objeto de esta clase de afirmaciones en el marco español, pero no podemos olvidar que en un contexto europeo, España o el sur latino han jugado ese mismo rol. Es más, dentro de Andalucía también se ha adjudicado a ciertos grupos demográficos rasgos o estigmas parecidos. Fantasear con una colectividad que vive parasitariamente de la mayoría es un mecanismo que podemos observar en la historia de otros muchos países, como Alemania o los Estados Unidos, por citar solo dos ejemplos.

(P). Analizan textos y documentos de diversa naturaleza, ¿en cuáles de ellos perciben más sinceridad? ¿En los literarios? ¿En los políticos?

(R). Lo interesante de esa pregunta es que la sinceridad y la autenticidad han sido rasgos definitorios de un buen número de representaciones sobre Andalucía. Algunos de los ensayos incluidos en el volumen proponen que, en ciertas manifestaciones “de” o “sobre” la cultura andaluza, percibimos una retórica de la sinceridad y de la autenticidad que enfatiza la cercanía e inmediatez de lo autóctono andaluz. Esta retórica reivindica el acceso directo y espontáneo a un pretendido origen popular, étnico o estético de la “verdadera” cultura andaluza. Recordemos además que tradicionalmente se ha visto en muchas manifestaciones de dicha cultural una muestra intuitiva, pre-racional y atávica de creatividad. Nuestro libro tan solo recuerda que estamos ante una retórica tan premeditada como cualquier otra.

(P). ¿Cómo definirían la imagen que de Andalucía ha presentado la clase política? ¿Están los políticos andaluces cómodos en el victimismo con respecto a otras regiones/comunidades españolas?

(R). Esa pregunta es difícil de responder porque la clase política andaluza no es unitaria y porque el victimismo es un discurso que se practica, con distintos matices e intenciones, en las 17 comunidades autónomas. Es parte de la esgrima política. De hecho, es probable que la narrativa que presenta a Andalucía como víctima sea más exitosa y tenga mayor potencia fuera de la comunidad autónoma que dentro. En general, este debate no ayuda a comprender cuán revelador es el modo en que unas comunidades se sirven de otras para afianzar agendas o proyectos internos.  De todas formas, uno de los hechos políticos que mayor influencia ha tenido en la cultura andaluza, así como en su gestión y reproducción institucional en las últimas cuatro décadas, es que un único partido político ha sabido crear una hegemonía regional muy incisiva y estable. Independientemente de la opinión que uno tenga sobre esto, lo importante es tener en mente dos hechos complementarios: el ulterior fracaso de los proyectos de organizaciones nacionalistas o andalucistas, y la enorme capacidad del partido en el gobierno autonómico desde 1982 para influir decisiva e ininterrumpidamente en las políticas culturales de la región.

“Las particularidades de Andalucía son tan reseñables, profundas y decisivas como las particularidades de cualquier otra región”

(P). ¿Quiénes son los más interesados en presentar Andalucía como una tierra diferente al resto de España? ¿Nuestras particularidades son tan reseñables? 

(R). La pregunta es muy interesante porque pone sobre la mesa un hecho elemental pero  altamente iluminador: nadie es más diferente que el resto. Las particularidades de Andalucía son tan reseñables, profundas y decisivas como las particularidades de cualquier otra región. Otra cosa muy distinta es el uso político y cultural que de ellas se haya hecho en diversos momentos. Las razones por las que la “diferencia andaluza” e incluso su identificación con la cultura ibérica en su totalidad se convierten en un fenómeno transnacional de primer orden se remontan al siglo XVIII. Lo importante en los textos que nuestro volumen analiza es que, en el periodo democrático, se nota tanto un mirada lúdica, subversiva e irónica sobre dichas diferencias, como un uso comercial e institucional que las reinventa, exacerba y explota. En cualquiera de los dos casos, nuestro volumen no cae en el error de pensar que, por señalar y desenmascarar la arbitrariedad o las dimensiones exageradas de una supuesta peculiaridad andaluza, esta deja de existir y deja de tener efectos reales. Lo que encontramos es una amplia gama de actitudes, postura, intenciones y reacciones plenamente conscientes hacia lo canónicamente definido como andaluz.

(P). ¿Cuáles textos de los analizados calificarían como imprescindibles para la historia reciente de Andalucía?

(R). Más que un canon de textos imprescindibles, nuestro volumen colectivo ofrece diversas puertas de entrada a problemas centrales de la cultura andaluza contemporánea (la inmigración, las relaciones con el norte de África, la crisis económica, la reformulación de tradiciones folklóricas y artísticas, la industrialización del turismo, etcétera). Además, cada uno de estos acercamientos a ejes centrales de la cultura andaluza se realiza sobre el análisis de una amplia variedad de productos culturales (filmes de ficción, documentales, fotografías, páginas web, instalaciones, literatura española y marroquí, guías turísticas, mapas, etcétera). Definiríamos el resultado final como un ejemplo de interdisciplinariedad insertado en el campo de los estudios culturales, es decir, del estudio de hechos culturales con una especial atención a su enraizamiento ideológico y social.

SALVA LORIGUILLO

Redactor. Aprendiendo de Andalucía.