La campaña del 27-S ha cambiado la vida a Inés Arrimadas, la nueva jefa de la oposición en el Parlament. Nacida en Jerez  de la Frontera en 1981, defiende con naturalidad la triple condición de ciudadana española, catalana y europea. Gaditana de nacimiento, pero catalana por elección, como le gusta decir, es para muchos la política con más proyección del momento.

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Licenciada en Derecho, Administración y Dirección de Empresas por la Universidad sevillana Pablo Olavide, Arrimadas trabajó durante ocho años como consultora entre Cataluña, Madrid y Andalucía. El trabajo le hizo trasladarse a Barcelona, ciudad de la que se enamoró «de inmediato» y por la que decidió establecerse en Cataluña. Su llegada a Ciudadanos fue por casualidad, cuando acompañó a una amiga a un mitin y todo lo que escuchó, dice, le sonó “sensato”. Se proyecta como personas seria y reservada. Se describe como tímida. Es más fácil imaginársela leyendo un libro sobre su gran referente político, Adolfo Suárez, que es el último que ha pasado por sus manos, que bailando sevillanas. Y, sin embargo, las baila y reta a bailarlas. Ahí sale la andaluza que lleva dentro.

Viene de protagonizar el mejor resultado electoral en la breve historia de Ciudadanos y su siguiente reto es buscar su propio discurso. Hasta ahora se ha limitado a seguir las líneas argumentales de su formación política: regeneración política e institucional, lucha contra la corrupción y no a la independencia. Los próximos meses, que estarán marcados por las elecciones generales y las dificultades para lograr mayorías con las que formar un Gobierno en la Generalitat, definirán para siempre la trayectoria de esta jerezana, interesada en resolver los problemas que enfrentan a los catalanes y, cómo no, a los catalanes con el resto de España.