Andalucía entera se llena durante los días de Semana Santa de una gran cantidad de turistas llegados de todas las partes del mundo, nos visitan deseosos de conocer la Semana Santa y también, hay que decirlo, de hartarse de comer y beber. La gran mayoría pone rumbo a Sevilla y su madrugá, otros a las zonas costeras en busca de sol y playa, y otros optan por recorrer las ciudades medias dejándose llevar por la singularidad de la Semana de Pasión y la variada gastronomía de bares y restaurantes, donde el plato estrella de esta festividad es el bacalao en sus multitud de variantes.

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El bacalao, el capataz de la semana

La cosa viene de antiguo ya que en la cuaresma, periodo en el que tradicionalmente se dejaba de comer carne, tenía especial interés el bacalao y las legumbres, productos que secos no necesitan ambientes fríos para conservarse.

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El bacalao se prepara de mil maneras diferentes, depende de cada pueblo, ciudad o restaurante, aunque las más tradicionales son en forma de guisos, con patatas, potajes de habichuelas, de garbanzos, de verduras, de patatas etc. También se toma frito, solo o acompañado de otros pescados, así se presenta en el archiconocido frito variado que sorprende gratamente a los turistas.

Los restaurantes y tabernas se esmeran en conseguir recetas mucho más innovadoras, teniendo al bacalao como protagonista del plato a cocinar para que el cliente se chupe los dedos.

Los postres de Semana Santa

Los desayunos, las meriendas, las madrugadas y los finales de las comidas suelen ir acompañados de dulces que solo se suelen tomar en estas fechas: los pestiños, los borrachuelos, los gaorros,  las torrijas, los buñuelos de viento, las flores, las tortillitas de San Francisco, los huesos de santo o las gachas.

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La fechas de Semana Santa son ideales para descubrir, en el caso del visitante, nuevos platos y nuevos sabores. Para los andaluces y residentes en esta tierra, es una semana maravillosa para volver a tomar esos platos y dulces que nos evocan emociones y recuerdos vividos en torno a desfiles procesionales o, simplemente, las vacaciones de Semana Santa. Porque a nadie le amarga un dulce o un buen plato de bacalao, sea creyente o no.

FRANCIS SALAS

Redactor // Fotógrafo