Es el aire (Ediciones en Huida, 2016), último título poético de Federico Abad, más que un libro, parece una sinfonía. Así lo ha organizado el autor, en secciones que se denominan «Adagio molto espressivo» cuando habla de amor o «Andante misterioso» si trata de esbozar un autorretrato poliédrico. Pero más allá de las intenciones, los poemas se suceden como distintos movimientos también de una única cadencia. Grata, envolvente, seductora. Así se lee. Cada poema como una estrofa de una canción que embelesa el conocimiento, como suelen hacer las buenas canciones.

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Federico Abad, autor de ‘Es el aire’

Hay algunas decisiones técnicas que contribuyen a esta armonía. Por ejemplo, los poemas cambian con frecuencia de sujeto poético, a veces también de tema, sin embargo, la melodía continúa. Se ha trazado con palabras. La selección léxica, el tono elegido y el carácter diáfano de la sintaxis están perfectamente afinadas en cada poema para —pese a los cambios de contenido obvios— construir el libro con una sonoridad unitaria, que va pasando de texto a texto.

Los poemas sorprenden, en este contexto, por su concepción narrativa. La mayoría están pensados como una historia, poseen personajes, un conflicto y una resolución. No están escritos, sin embargo, como relatos. Son poemas que han sido ideados pensados como historias, es decir, cada texto crea sus significados dentro del propio texto. Incluso, claro, el elemento más importante, el sujeto poético. El sujeto, a la manera narrativa, se va identificando con la historia, surge en sus parámetros. No son los poemas de Federico Abad, no obstante, el fruto de una actitud narrativa, convencional de la época, que podría tener como modelo del cuento norteamericano, ejemplo que se ha divulgado también entre los poetas contemporáneos.

La actitud narrativa en Es el aire tiene raíces —y en algún momento el autor lo muestra a partir de paráfrasis de autores clásicos— claras en la literatura española. Especialmente en Gustavo Adolfo Bécquer, cuyos poemas constituían también pequeñas narraciones, historias mínimas, poemas que creaban su propio universo significativo dentro de los límites de lo enunciado en los versos. Es decir, no apelaban a significados generales del mundo amoroso, o a un lirismo apriorístico, sino que se creaban en la propia construcción significativa del texto. Y eso Federico Abad lo realiza con maestría, poemas con un aire narrativo escritos y resueltos siempre como poemas.

Ambas características de Es el aire —la melodía, la estructura narrativa— aparecen vinculadas a un propósito. A una razón estética. O filosófica, tal vez. Que es la concepción del poema como génesis de una emoción. En esta frase lo más importante es «una». No se trata de generar emociones, ni cualquier difusa emoción al leer. Sino idear cada poema como el universo significativo de una emoción. Singular. Con sentido en sí misma. Casi instantánea, también. Y, por encima de todas sus cualidades, intensa. Cada poema, una pequeña descarga de intensidad.