El Museo de Bellas Artes de Granada, en la planta superior del Palacio de Carlos V en la Alhambra, pone en evidencia los testimonios de la relación existente de dos de los creadores más sublimes en la primera mitad del siglo XX español, el granadino de Cádiz Manuel de Falla y el pintor vasco Ignacio Zuloaga.

La muestra realiza un recorrido cronológico (1913-1939) por el trabajo conjunto de estos dos excepcionales creadores a través de la documentación epistolar, fotográfica y periodística y la obra plástica de Zuloaga y musical de Falla con el fin de contextualizarlo en su época histórica, un «extraordinario periodo de la modernidad artística». En total, más de 150 de piezas, entre las que destacan una treintena de obras de Ignacio Zuloaga.

expreso del sur falla y zuloaga

La consejera Rosa Aguilar y el alcalde de Granada visitaron la exposición. FOTO: Consejería de Cultura

Las investigaciones indican que, posiblemente, Manuel de Falla (1876-1946) e Ignacio Zuloaga (1870-1945) se conocieron en París, en 1910, pero no es hasta 1913 cuando existe una prueba documental de su relación. Es en esta fecha cuando arranca el recorrido de la exposición, con la carta en la que el compositor solicita ayuda y consejos de su amigo pintor para la puesta en escena de La vida breve. Tras este primer contacto, ambos mantienen una relación epistolar a través de la cual «se traslucen los éxitos, los fracasos, las inquietudes sociales y políticas, las ilusiones, los problemas familiares y, sobre todo, la forma de ver la cultura española y el arte de estos dos magníficos creadores», según recuerda José Vallejo, uno de los comisarios de la exposición.

Zuloaga y Falla se encuentran en París, Madrid y Granada, entre otras ciudades a lo largo de dos décadas. Su relación de amistad les anima a trabajar juntos en varios proyectos, como la inauguración en 1917 de unas escuelas populares en Fuendetodos, la casa natal de Francisco de Goya (1746-1828). Falla asistió y participó en los actos de inauguración tocando el armonio en la iglesia parroquial, buscando inspiración para la composición de su jota final del Sombrero de tres picos.

Su amistad les anima también a trabajar juntos en un proyecto en el que música y escena cuentan con la dirección de los dos, propósito que tardará quince años en formalizarse con la representación de El retablo de maese Pedro en la Ópera Cómica de París, en 1928. El retablo es la culminación profesional de la colaboración entre los dos autores. Fue el proyecto conjunto de mayor envergadura. Es una obra musical para personajes y títeres que explora el mundo del teatro dentro del teatro, con libreto inspirado en un episodio de El Quijote, y es una de las creaciones más destacadas y reconocidas del compositor. En 1923 se estrenó en Sevilla en versión concierto, y en París, en versión escénica.

Además, durante 20 años, colaboraron juntos en diversos proyectos, la mayoría con un interés social. Entre ellos, destacan el Concurso de Cante Jondo de Granada, organizado por Falla, Lorca y Fernando Vílchez, en 1922; la exposición de Zuloaga ese mismo año en el Museo de Meersmans de Granada. El último encuentro entre los dos artistas tuvo lugar en 1932, cuando Falla se aloja en casa de Zuloaga en Zumaya antes de su viaje a Argentina, donde muere en 1946, un año después que su amigo. Una carta de despedida definitiva desde este país es un adiós que ellos saben definitivo.

La exposición cuenta con piezas prestadas por el Museo Ignacio Zuloaga-Castillo de Pedraza y el Archivo Manuel de Falla, además de otras procedentes del Museo Centro de Arte Reina Sofía, el Nacional del Teatro de Almagro, el Ayuntamiento de Granada, el Patronato de la Alhambra y Generalife, el Instituto Cervantes de París, el Museo de Arte Nacional de Cataluña y el Bellas Artes de Bilbao, además de coleccionistas particulares.

Tras la inauguración de la exposición a cargo de la consejera de Cultura, Rosa Aguilar, y el alcalde de Granada, Francisco Cuenca, la muestra se podrá visitar hasta el 18 de septiembre.