Andalucía. Geoestratégicamente situada al sur de Europa y separándola de África, haciendo embudo entre el mar Mediterráneo y el océano Atlántico. Con una inagotable fuente de riquezas minerales y agrícolas y una extensión mayor incluso que muchos países europeos. Con esta carta de presentación, lo extraño hubiese sido que Andalucía no constituyera un foco de atracción para otras civilizaciones desde la Prehistoria. Dejemos aparte aquello de Tartessos -del que hablaré en otra ocasión- para irnos directos a la Caleta…

 

Gadir, o la primera prosperidad de Andalucía

Para muchos historiadores, los fenicios fueron los grandes mercaderes de la Antigüedad. Siguiendo los apuntes de Estrabón, unos cuantos navíos salieron de Tiro y Sidón hace unos tres mil años y atravesaron el estrecho de Gibraltar. Poco más allá se toparon con el lugar donde después fundaron la ciudad de Gadir, actual Cádiz, que le debe a este pueblo el honor, mientras no se demuestre lo contrario, de ser la más antigua ciudad viva de Europa Occidental –más incluso que la propia Roma.-

Dadas las habilidades comerciales del pueblo fenicio y su acierto a la hora de establecer asentamientos estratégicos, resulta sencillo ver que el actual privilegio geográfico de toda el área de la Bahía de Cádiz no es algo casual. No en vano, Gadir cumplía el patrón de los asentamientos fenicios de la época: fácil defensa, proximidad a rutas marítimas y acceso inmediato a ríos navegables.

Elementos como el puerto situado entre las islas de la antigua Gadir, o el templo de Melkart, levantado en la ciudad en honor al dios patrón de marinos y comerciantes, dan buena cuenta de la importancia de las transacciones comerciales y del transporte marítimo en esa primitiva Andalucía.

baelo claudia

Ruinas de Baelo Claudia, en Cádiz

El garum y el vino, los primeros productos gourmet de los pueblos béticos

Olvidados los fenicios y superados los cartagineses por los soldados romanos, desde el siglo II a.C. el Imperio Romano fue puliendo el Sur de la península hasta que Augusto, en el 27 a.C, crea la Bética, la provincia más próspera de Hispania. La profunda romanización de la zona y su riqueza en recursos propiciaron un desarrollo comercial sin precedentes. Productos agrícolas como vino, aceite de oliva o cereal eran exportados a todos los rincones del Imperio.

También el pescado andaluz era apreciado en tiempos pasados. Casi por casualidad, el garum, que desde mucho antes de los romanos se venía haciendo con los desperdicios del pescado en salazón, acabó convirtiéndose en una salsa muy apreciada en la dieta romana de alto standing y que situó a la ciudad de Baelo Claudia, en plena zona atunera de la actual provincia de Cádiz, entre las más famosas de Roma por ese manjar. Cartagena y Málaga también fueron grandes exportadores de garum.

Evidentemente, en el comercio de todos estos productos no podía faltar su almacenamiento y transporte, y para ello los romanos se sirvieron del “envasado” en ánforas -muy famosas las de Arva o Celti, en la provincia de Sevilla.- Las ánforas olearias béticas, por ejemplo, contaban con un sistema de documentación inusual en el mundo antiguo: tara de la vasija, peso neto del aceite, nombre del transportista y nota aduanera. Un complejo aparato de exportación que ni Extenda hubiese imaginado para la época…

 

Comerciar en tiempos de al-Andalus

La llegada de los musulmanes a la Península Ibérica no mermó la capacidad comercial de Andalucía; al contrario, siguió desarrollando su potencial. Se desarrollaron ciudades como Córdoba, con un gran número de habitantes; Sevilla o Málaga, con una buena situación para el comercio con el norte de África, o Algeciras o Granada, que ya en aquella época comenzaban a dar sus primeros síntomas de una gran localización geográfica para el comercio.

De evidente importancia en la ciudad musulmana son el zoco, la alhóndiga o la alcaicería, elementos indispensables en torno a los cuales gira el comercio interior de todo tipo de productos. Pero no menos importantes fueron las exportaciones de bienes a todo el Mediterráneo e incluso hasta Oriente, desde la lujosa alfarería malagueña hasta la seda de la sierra granadina o la salazón de Almería. El sur de al-Andalus se convierte en el principal foco mercantil de Occidente. Prácticamente monopoliza el tráfico de oro, esclavos y cereales africanos procedentes de las rutas saharianas.