Vinculados hasta hace poco a la guerra y el espionaje, estos pequeños aparatos inteligentes no tripulados empiezan a lavar su imagen con aplicaciones más cooperativas y útiles. Uno de sus usos con más potencial lo relaciona con la agricultura de precisión y la monitorización de los campos.

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La agricultura de precisión se refiere a la utilización de sensores remotos para escanear plantas y detectar si están sanas, su grado de hidratación y el ritmo de crecimiento. También comporta un uso selectivo de los nutrientes y los pesticidas que cada planta requiere, reduciendo así el coste y el impacto ambiental. En ámbitos académicos existe el convencimiento de que los drones pueden revolucionar la agricultura, reduciendo la necesidad de pesticidas e incrementando la producción.

Saber dónde y cuánto regar, qué productos fitosanitarios son más convenientes o si el cultivo tiene alguna plaga son alguna de las ventajas del uso de estos aviones no tripulados. El futuro del campo andaluz  está en el aire, volando sin piloto, concretamente  los dispositivos UAVs – «unmanned aerial vehicle» o «vehículo aéreo no tripulado»– son unos dispositivos que sobrevuelan los cultivos y ayudan, por ejemplo, a localizar una plaga. Como unos aviones teledirigidos, aplicados a la agricultura.

Las aplicaciones de estos aviones sin tripulación son muchos: permiten adecuar el riego incluso por zonas dentro de la misma plantación, identificar de forma certera dónde y qué tipo de plaga afecta a las plantas, localizar malas hierbas e incluso espantar pájaros que amenazan la cosecha. Hasta la llegada de estos aparatos, eran las avionetas y los satélites los que se encargaban de estas labores.drone-evaluación-del-terreno

Según los estudios que se vienen dando a conocer en los últimos meses, el uso de drones supone un ahorro de hasta el 10% de agua y productos fitosanitarios. Además, implica un aumento de la producción de otro 10%. Todo ventajas teniendo en cuenta que cada cultivo es un mundo y los porcentajes y costes cambian, pero para hacerse una idea, un estudio de riego para un viñedo del Centro Avanzado de tecnologías Aeroespaciale (Catec) estima que el empresario puede ahorrar unos 120 euros de agua por hectárea.

El mayor problema para las empresas del sector está en que las leyes que regulan el uso de drones en el campo no ayuda. El objetivo del sector es de momento que la legislación cambie, es decir, aumente la distancia desde la que se puede volar un dispositivo no tripulado. Por ahora piden llegar a un kilómetro desde el técnico, lo que ayudaría a extender el uso de la tecnología a cultivos extensivos. El uso de aviones no tripulados podría ser la respuesta a la falta de agricultura de precisión  y la creación de nuevos puestos de trabajo en esta nueva aplicación agrícola, reducir notablemente los costes para el agricultor y optimizar el rendimiento de los cultivos, a la vez que se obtienen claros beneficios ecológicos y medioambientales.

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Viajas en un tren hecho con cachitos de Andalucía