Después de numerosas campañas de concienciación y programas de fomento de la igualdad, la brecha salarial entre hombres y mujeres sigue siendo una realidad.Ni los incentivos a la contratación y consolidación del empleo femenino ni la implantación de políticas de género transversales han conseguido erradicar un mal endémico que retrata, como ninguno, a la sociedad que lo sufre, y lo permite. Y cuando los instrumentos persuasivos se agotan, el recurso siguiente es echar mano de sanciones. “Hay que tocar el bolsillo”, que diría el castizo.

El inicio del curso político, a la vuelta del verano, ha llegado con fuerza en lo que se refiere a la lucha contra la diferencia de sueldos entre hombres y mujeres. El Gobierno de Andalucía acaba de dar luz verde a la esperada nueva Ley para la Promoción de la Igualdad de Género –en realidad, es una modificación de la norma aprobada en 2007-, en la que se da cabida a importantes novedades en relación a la situación de la mujer en el mercado laboral. Derribar los obstáculos que impiden a muchas mujeres disfrutar de un empleo y equiparar las nóminas con los compañeros varones, cuando existe el empleo, son dos de los objetivos marcados.

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En relación a ese segundo objetivo, el de la brecha salarial, los datos que vamos descubriendo en este mercado laboral saliente de la crisis económica revelan que durante los años más duros de ajustes en el empleo, las desigualdades salariales, lejos de desaparecer, han repuntado, invirtiendo una tendencia que era positiva hasta 2008.

Según datos de la agencia de estadística Eurostat, en España creció la brecha salarial hasta el 19,3% entre los años 2008 y 2013, registrando el segundo mayor incremento de la UE tan sólo por detrás de Portugal. Con esa tasa, nuestro país se encuentra por encima de la media europea (16,4%) y cerca de los países con mayores diferencias de salario entre sexos, que no son otros que Alemania (21,6%), Austria (23%) o Estonia (29,9%), entre otros.

Otro indicador significativo alude a la brecha en la tasa de empleo de hombres y mujeres, que en España, según Eurostat, es de 9,6 puntos porcentuales (63,4 % de los hombres trabaja, frente al 53,8 % de las mujeres).

Las cifras hechas públicas por UGT Andalucía apuntan hacia la misma dirección. La diferencia en los sueldos, según revela el estudio del sindicato, se establece en un 25% a favor de los hombres, a lo que habría que añadir que las mujeres son el 72% de los trabajadores a tiempo parcial de nuestro país. La secretaria de la Mujer de UGT-A, Maribel González, no dudaba en calificar la situación de “lamentable y discriminatoria” tras denunciar “la enorme diferencia entre la normativa y la realidad”.

Hasta 120.000 euros en sancionesuena

El anteproyecto de la nueva ley tramitada por la Junta de Andalucía incorpora, por primera vez, un título dedicado exclusivamente a un novedoso régimen sancionador específico para garantizar la igualdad de género. Esta medida, demandada por los colectivos y entidades relacionadas con la materia, incluye multas de entre 6.000 y 120.000 euros, además de penas accesorias como la prohibición de acceder a ayudas públicas, para las empresas que mantengan la discriminación de las mujeres en salarios.

Para la consejera de Igualdad y Políticas Sociales andaluza, Mª José Sánchez Rubio, la incorporación de las multas como mecanismo de lucha contra la brecha salarial “se hacía necesario”, dado que “aún siendo ilegal, esa diferencia salarial de las mujeres con respecto a los hombres acaba dándose por unos caminos u otros”.

Con el nuevo texto normativo, la Junta de Andalucía pretende involucrar también al resto de administraciones en la equiparación de las condiciones laborales. La Inspección de Trabajo y Seguridad Social no estará sola en estas tareas, de hecho la Consejería de Empleo, a partir de la aprobación definitiva de la ley, someterá a las empresas a auditorías para analizar esas diferencias retributivas e impugnar los convenios colectivos que contengan cláusulas discriminatorias, como paso previo a la imposición de sanciones en caso de persistir el incumplimiento de las normas.

SALVA LORIGUILLO Fotos: FRANCIS SALAS

Viajas en un tren hecho con cachitos de Andalucía.