Sin duda, nada será igual este verano por la crisis del coronavirus. Aunque el Gobierno tiene previsto intensificar la fase de desescalada en la segunda quincena de mayo no creo que dé tiempo a cambiar mucho el panorama, todo apunta a que el verano de 2020 no será como los anteriores. La playa, las ferias, las terracitas fresquitas, las piscinas, las discotecas de verano, los chiringuitos, las barbacoas campestres…

Pedro PicaPiedra durmiendo la siesta

Todo son incógnitas y algunas me afloran de manera intermitente: ¿Podremos volver a ir de vinos y cervezas? ¿Hay que respetar la distancia de seguridad? ¿Podremos ir a la playa? ¿Y a la piscina? ¿Cómo será eso de ligar tras el confinamiento?

La ministra Reyes Maroto contesta a una de mis preguntas existenciales, desde el plasma a todo volumen en el salón de la casa de mis queridos progenitores: “Habrá que guardar la distancia, también en la playa”. E insiste el ministro de Sanidad: “debe de ser mínimo de un metro entre persona y persona, aunque lo ideal es dos metros”. ¡Madre Mía! Si ya me costó comerme un rosco el verano pasado, este año ni te cuento. Por Dios, que encuentren el remedio ya a este virus y que nos deje vivir tranquilitos y aliviados.

Bueno, visto lo visto y en previsión de que esto va para largo, habrá que contentarse con hacerse experto en gazpachos, espetos de interior, preparar rebujitos, sangrías, macetillas de picadillo y sobre todo experto en siestas, de esas de tres o cuatro horas, espatarrado en el sofá de casa, a oscuritas con el ventilador a la distancia óptima, cogiendo el sueño con un documental de la segunda cadena, el mejor somnífero para pegarte una señora siesta, de esas que no sabes si es el otro día cuando despiertas, lo que se dice una sienta como Dios manda. ¡No todo iba a ser malo! ¡No! Para algo la siesta es uno de los mayores patrimonios del hombre libre, de Andalucía, de España y de Humanidad. Así que a resignarse, a ser buenos ciudadanos y ¡a disfrutar de la siesta!

FRANCIS SALAS

Redactor // Fotógrafo