Llevamos algunas semanas escuchando noticias advirtiéndonos de los peligros del aceite de palma. Tertulianos ocupan espacios de radio y televisión discutiendo del uso de tal aceite y los blogs de nutricionistas dedican artículos al mismo tema. Incluso ha llegado a discutirse en  la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados.

Pero, ¿qué es el aceite de palma?

A pesar de ser un aceite vegetal (se obtiene de un tipo de palmera africana) es tan saturado como la mantequilla. Al ácido palmítico, presente en grandes cantidades en el aceite de palma, se le relaciona con enfermedades cardiovasculares, niveles altos de colesterol e incluso con cáncer.

Además de los efectos sobre la salud, a los productores de aceite de palma se les acusa de daño ecológico y de  vulnerar los derechos humanos. Sin embargo, es el aceite vegetal más usado por la industria alimentaria debido a su rentabilidad y versatilidad.

Podemos encontrarlo bajo los nombres de sodium palmitate, manteca de palma, aceite de palmiste, estearina de palma, palmoleina… y está presente  cada vez en más productos como cremas de chocolate, margarinas, patatas fritas, precocinados, alimentos infantiles, galletas y un largo etcétera.

¿Por qué surge la polémica ahora?

Desde hace aproximadamente tres años la legislación obliga a especificar qué tipo de aceite vegetal contiene un alimento, de ahí que se evidencie la cantidad de alimentos en los que se usa. Más recientemente el Parlamento Europeo ha aprobado una resolución que obliga a que todo aceite de palma que entre en Europa se haya obtenido de manera sostenible.

Esto ha suscitado el interés de los medios de comunicación y la preocupación de los consumidores. Como consecuencia de esto, la demanda de información a la industria alimentaria sobre la composición de sus productos ha aumentado, se han desarrollado APPs para detectar aceite de palma, la OCU ha recordado su informe sobre el aceite de palma e, incluso, algunas cadenas de supermercados han optado por eliminar de sus estanterías los productos  que lo contengan.

¿Está justificada esta alerta alimentaria?

En realidad, esta alerta es excesiva pues ninguna autoridad sanitaria ha prohibido su consumo, aunque sí recomiendan consumirlo lo menos posible. De hecho lo mismo ocurre para el azúcar blanco y, sin embargo, al consumidor no le asusta tanto y no pide que lo retiren del mercado.

Desde mi punto de vista, es raro que a alguien le preocupe si las galletas, la mahonesa o la pizza que consume habitualmente lleva o no aceite de palma y, por el contrario, no le preocupe la cantidad de azúcar, sal o grasas trans  que contienen. De hecho, el problema de un alimento que adquirimos en el super no es si en su composición lleva o no aceite de palma: si éste se sustituyera por otro más saludable, como el aceite de oliva, la mayoría de esos productos seguirían siendo poco recomendables para su consumo habitual.

Mi  recomendación es que no te obsesiones con el aceite de palma y si de verdad te preocupa comer saludablemente, evita los alimentos procesados  y precocinados lleven la grasa que lleven. Por ejemplo, cambia las galletas de la merienda por un puñado de frutos secos. Sustituye la crema de cacao por un trozo de chocolate puro. Olvídate de la bollería industrial y sustitúyela por la casera. Mantén la lactancia materna tanto tiempo como te sea posible ya que algunas leches infantiles contienen aceite de palma y en caso de que tengas que usarlas, elige aquellas que añadan beta-palmitato similar al presente en la leche materna y descarta las que usen alfa-palmitato.

CATALINA COCA

Licenciada en Biología por la Universidad de Córdoba. Curso de Posgrado en Nutrición, Dietética y Dietoterapia por la Universidad de Navarra. Especialista en Nutrición. Formadora. Colaboradora de Expreso del Sur