La  alcaldesa de Córdoba, Isabel Ambrosio, encabeza la delegación cordobesa que desde hoy y durante tres días, participará en el congreso de la Organización de Ciudades del Patrimonio Muncial (OCPM) en Arequipa.

En la agenda de los representantes de la ciudad andaluza, un objetivo marcado en rojo: ser designada sede de este mismo congreso en su próxima edición, en otoño de 2017.

Fundada el 8 de septiembre de 1993, en Fez (Marruecos), la OCPM reúne 250 ciudades que tienen en su territorio un sitio inscrito por la UNESCO en la Lista del Patrimonio Mundial. En su conjunto, estas ciudades tienen una población total que supera los 130 millones de habitantes.

Los congresos de esta institución, de carácter bianual, se plantean para favorecer la cooperación y el intercambio de información en relación con la conservación y gestión del patrimonio, y a desarrollar un sentido de solidaridad entre las ciudades miembros. Más allá de ser un punto de encuentro, la organización de estos congresos se convierten en una oportunidad turística y económica en sí misma: a la estancia durante cuatro días de varios miles de personas, hay que unir la promoción que el evento otorga a la ciudad anfitriona.

La mezcla de esos ingredientes –actividad económica y difusión turística a escala mundial- ha llamado la atención de los responsables del Ayuntamiento cordobés, que afrontan este viaje hasta Perú como una oportunidad de oro para consolidar definitivamente el nombre de Córdoba en el top ten de las ciudades Patrimonio de la Unesco.

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La relación entre Córdoba y La Organización Cultural, Científica y Educacional de Naciones Unidas se remonta a 1984, cuando la Mezquita -así con esa denominación- recibió el primer título de patrimonio de la Humanidad de la ciudad. Diez años después, la distinción se ampliaba al casco antiguo que rodea el monumento de origen musulmán, de modo que prácticamente toda la Judería de Córdoba entraba a formar parte de los lugares más bellos del mundo. Ya en 2012, Córdoba recibió otro distintivo más: la Fiesta de Los Patios fue reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Además, como el resto de España, disfruta del título de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad concedido también al Flamenco (2010) y a la Dieta Mediterránea (2010).

La delegación cordobesa llega al inicio del congreso con muchos avales de su lado. Empezando por los países reunidos bajo la Secretaría Regional para Europa del Sur y el Mediterráneo, uno de los siete focos de poder de la OCPM que desde hace varios años preside Córdoba, y acabando por los apoyos recabados de las ciudades Patrimonio de Cuba y Colombia. Durante los tres próximos días, la actividad diplomática será frenética, desde Córdoba anuncian que buscan nuevas adhesiones entre los países de Latinoamérica.

El nombre de la ciudad sede de este foro en su edición de 2017 se dará a conocer durante el próximo sábado durante la última jornada del congreso.

Hasta ahora, sólo una ciudad española ha sido anfitriona de los congresos de Ciudades Patrimonio Mundiales. Fue Santiago de Compostela en 1999, a la que les precedieron Évora (Portugal), Bergen (Noruega), Fez (Marruecos) y Quebec (Canadá), sede permanente d ela Organización. Ya en este siglo, la OCPM ha celebrado sus congresos en Puebla (México), Rodas (Grecia), Cusco (Perú), Kazán (Rusia), Quito (Ecuador), Sintra (Portugal) y la mencionada Arequipa (Perú).

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El Congreso del 2015, sobre la resiliencia urbana  

En Arequipa -privilegiado enclave paisajístico al pie de tres volcanes de la zona meridional del Perú, junto al desierto de Atacama y las desviaciones de la cordillera de los Andes- el Congreso versará sobre la resiliencia urbana, o lo que es lo mismo, sobre la capacidad de adaptación de las ciudades a las nuevas situaciones sin perder su identidad. Sin duda, esa resiliencia o flexibilidad para asumir cambios sin transformarse en una ciudad diferente es un denominador común en las ciudades del Patrimonio Mundial, que durante siglos han dado pruebas de salvaguardarse de los grandes riesgos que las amenazan y las hacen, al mismo tiempo, más vulnerables.

El hecho de entender los retos y el saber intrínseco que representa cada ciudad del Patrimonio Mundial es un factor crucial para garantizar su conservación y la calidad de vida de sus habitantes. Se requieren enfoques de gobernanza, tanto transversales como globales, a escala local y regional, pública y privada, para administrar el cambio con eficacia.

Se han elaborado numerosas herramientas para ayudar a los gobiernos de las ciudades y a la sociedad civil en la preparación, con miras a los riesgos, y para reaccionar ante cambios imprevistos. Cada una con sus preocupaciones específicas y comunes, las ciudades del Patrimonio Mundial estarán en condiciones de mostrar la rica pericia que han ido adquiriendo y de intercambiar sus experiencias y buenas prácticas.

SALVA LORIGUILLO

Redactor. Aprendiendo de Andalucía.