FRIDAY 08 DECEMBER 2017

A una ciudad, a una región, a una tierra se le puede querer por muchas razones. El canadiense Reza Emilio Juma ha sucumbido a los encantos de Andalucía navegando por su historia, desde donde ha forjado una pasión por lo andaluz que destila en El legado del príncipe de Cachemira (Editorial Nazarí).

En la casa sevillana de la calle Castelar los recuerdos de la infancia del andalucismo sobreviven en la memoria de Alejandro Rojas Marcos (Sevilla, 1940). Un azulejo evoca la fundación en aquel patio -corría la primavera de 1965-, del germen de lo que posteriormente, baile de siglas incluido (ASA, PSA…), acabaría siendo el Partido Andalucista (PA). El político sevillano ha sido de todo en el partido del logo de la mano abierta, desde fundador hasta presidente de honor, y una de las voces a las que había que escuchar un par de meses después de la disolución del PA.

Fue Picasso quien dijo que “el arte es una mentira que nos acerca a la verdad”. La pintura de María José Ruiz (Montilla, 1966) se viste de la verdad subjetiva de quien se siente libre de mentiras. Sus cuadros no mienten, nos regalan una visión inesperada de esa realidad que está ahí, ante nuestros ojos, pero a la que apenas le echamos cuentas.

Carolina Marín ha conseguido lo que Fernando Alonso logró en su primera temporada en la Fórmula 1: sentar delante de la televisión a millones de españoles para ver un partido de bádminton.

Hoy el calendario se ha levantado caprichoso. 1 de septiembre de 2015. José Calvo Poyato (Cabra, 1951) acude a nuestra cita en el Castillo de Montilla, donde algunos lienzos de muralla casi arrasados que se mantienen en pie a la vera del granero monumental del siglo XVIII, nos recuerdan que un día existió allí una fortaleza medieval que dominaba la Campiña cordobesa.