Carolina Marín ha conseguido lo que Fernando Alonso logró en su primera temporada en la Fórmula 1: sentar delante de la televisión a millones de españoles para ver un partido de bádminton.

Esta andaluza nacida en Huelva hace 22 años, campeona del Mundo y de Europa, tiene el mérito de haber situado en el mapa del bádminton a nuestro país, admirada por millones de seguidores del deporte de la raqueta y la pluma, presume de ser la primera jugadora no asiática en proclamarse por segundo año consecutivo campeona mundial. Por si había dudas, antes se produjo su coronación en All England de Birmingham, la catedral del bádminton, el torneo de mayor prestigio. Ya con la mirada puesta en los Juegos Olímpicos 2016 mantiene un tenso pulso con la Federación Española de Bádminton por la explotación de los derechos de su imagen.

 

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PREGUNTA (P). ¿Te imaginabas hace unos años en las portadas de toda la prensa nacional?
RESPUESTA (R). La verdad es que esa era mi ilusión. Mi equipo y yo teníamos un objetivo clarísimo, que era estar entre las mejores, así que para mí no es ninguna sorpresa. Tengo mucha confianza en mí misma y mis posibilidades. Lo que más alegría me produce son las felicitaciones de la gente. Hay personas que quieren conocer este deporte y practicarlo. Eso me enorgullece.
P. ¿Cómo llevas el éxito?
R.  Lo llevo bien porque es mi trabajo. No paro un momento. Es lo que escogí en su día y estoy orgullosa de haber seguido por este camino. Mis padres siempre me dieron libertad. Empecé con el flamenco, pero al final opté por el bádminton y no me va mal.
P.  ¿Cómo se toman las jugadoras chinas que estés a su nivel?
R. Allí es el deporte rey y son las mejores, pero ellas no me intimidan, para nada. El problema es que en España no tengo a cinco o seis jugadoras que me ayuden a crecer en los entrenamientos. En ese sentido tengo un déficit, pero yo aspiro a lo más alto.
P. ¿Cuál es el secreto para poder competir a ese nivel?
R. Tengo mucha personalidad. La gente me dice que soy muy madura para mi edad y esto me lo ha aportado el deporte. Soy una privilegiada porque tengo una fortaleza mental innata y eso, en el deporte de élite, es esencial. Antes de formarme a Madrid jamás pensé que estaría con un psicólogo y a día de hoy puedo decir que es uno de los aspectos más importantes. Mis dos grandes bazas son mi condición física y mi fortaleza mental. Me he encontrado con muchas situaciones complicadas, pero las he conseguido superar.
P. ¿Cuál es tu rutina diaria?
R. Lo tengo todo muy organizado. Me levanto a las 7.00, desayuno y entreno de 8.00 a 10.00; descanso un poco y vuelvo a entrenar de 12.00 a 14.00; y luego, como y tengo una tercera sesión de 17.00 a 20.00. Al margen, los martes también tengo psicólogo y los jueves fisioterapia.
P. La final de Birmingham. ¿Qué significa ganar allí?
R. Es casi lo máximo. Era mi gran objetivo para esta temporada y lo he conseguido, así que he dado otro paso más. Es como un Mundial, o incluso más difícil, porque para una Copa del Mundo sólo se clasifican tres chinas, y para este torneo están las mejores del mundo. Salvando las distancias, puede ser algo similar a Wimbledon en el tenis. Es el más antiguo y en Inglaterra, la cuna del bádminton.
P.  ¿Cuáles son los retos ahora?
R. Me queda toda la carrera por delante, muchísimas cosas por ganar aún. El objetivo son los Juegos de Río. Iré a por una medalla.
P. ¿Para entonces se habrán arreglado las cosas con la Federación?
R. La pregunta debería hacérsela a ellos. En mi opinión son los que deben buscar las soluciones y arreglar el asunto. El deportista debe encargarse de entrenar y de competir, no de este tipo de asuntos.
P. ¿Quieren aprovecharse de su tirón?
R. Se les ha subido el éxito a la cabeza, algo que en teoría suele pasarnos a los deportistas. A mí en ningún momento me ha pasado, yo siempre he mantenido los pies sobre la tierra. Confío en que haya una solución más pronto que tarde. El principal problema llega porque hay un vacío y la Federación ha hecho mal las cosas. Nos ha impuesto una normativa y deberían haber dialogado antes con los deportistas. Hay un problema de comunicación, jamás ha habido comunicación entre la Federación y los deportistas, y ese debería ser el punto de partida. Debemos acercar las posturas, que ahora mismo están cada una en un extremo. Nos hemos reunido muchas veces, pero la cosa sigue igual.