Hoy el calendario se ha levantado caprichoso. 1 de septiembre de 2015. José Calvo Poyato (Cabra, 1951) acude a nuestra cita en el Castillo de Montilla, donde algunos lienzos de muralla casi arrasados que se mantienen en pie a la vera del granero monumental del siglo XVIII, nos recuerdan que un día existió allí una fortaleza medieval que dominaba la Campiña cordobesa.

calvo poyato personajesMantuvo su tronío hasta que Fernando el Católico ordenó su derribo, desaparecía así el castillo donde nació Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, otro 1 de septiembre pero de 1453. Con el escritor de novela histórica, autor de éxito, hemos quedado para hablar de su último libro dedicado a los años finales de la vida del que para muchos es el militar más valioso de nuestra historia. Y del Gran Capitán empezamos a hablar para acabar conversando de Andalucía, del diagnóstico que de esta tierra hace quien fuera portavoz del Partido Andalucista en el Parlamento andaluz y alcalde de su ciudad natal.

PREGUNTA. ¿Por qué en estos momentos una novela histórica con el Gran Capitán como protagonista?

RESPUESTA. El hecho de que sea en el 2015 ya es una razón, estamos en el quinto centenario de la muerte de Gonzalo de Fernández de Córdoba. Esa es una razón coyuntural. La verdaderamente importante es que con Gonzalo ocurre como con algunas otras personalidades de la historia de España a las que no se les ha dado todo el relieve que, al menos en mi opinión, deberían tener. En España somos muy dados a valorar mucho lo que nos viene de fuera y considerar que lo nuestro, como es muy cotidiano, apenas tiene importancia. No quiero decir que yo esté descubriendo al Gran Capitán, pero sí quería aportar un grano de arena a difundir su conocimiento y me parece que a través de una novela histórica, con la cantidad de lectores que tiene este género, era un buen instrumento. Se podría añadir una razón más, no soy de Montilla, pero sí del sur de Córdoba y algo de paisanaje tenemos.

P. ¿Qué podría enseñarle el Gran Capitán a un joven actual?

R. Yo creo que el Gran Capitán aporta una serie de valores que son típicos de su tiempo: la lealtad, la fidelidad o el simple hecho de tener unos principios. Me parece que son unos elementos valiosos para un joven o para cualquier persona de nuestro tiempo, en una sociedad donde parece que no tenemos límites, donde los principios están muy difuminados o por lo menos han sido sustituidos por otros valores puramente materiales. Gonzalo forma parte de una generación de hombres que por encima de esos valores materiales pusieron otros valores, y a mí me parece que si recuperamos los principios del Gran Capitán será en beneficio de la sociedad que nos ha tocado vivir.

P. ¿Cuál fue el punto débil del Gran Capitán?

R. El mayor problema del Gran Capitán a partir de cierto momento de su vida, fue ser leal con quien no le respondió con la misma moneda. Eso amargará una parte del final de su vida, colocándolo en una situación a todas luces inmerecida. Me estoy refiriendo en esa falta de lealtad al rey Fernando el Católico, que posiblemente como político sea una pieza excepcional, pero si deslindamos el político del ser humano, a mí me parece que Fernando como ser humano dejaba mucho que desear.

P. ¿Pero por qué se llevaban tan mal?

R. Yo no creo que hubiera una mala relación personal, yo creo que Fernando el Católico tiene sospecha, entre otros, de los Fernández de Córdoba. No olvidemos que cuando en 1506 tiene que abandonar la regencia de Castilla porque un sector de la nobleza castellana está apoyando a su hija Juana y su yerno Felipe el Hermoso, los Fernández de Córdoba son unos de ellos. El Gran Capitán es el virrey de Nápoles y el rey teme que habiendo tenido que abandonar Castilla, Gonzalo pudiera hacer algo en Nápoles, pero temer aquello era evidentemente no conocerlo. Había, por tanto, siempre unas suspicacias contra un hombre que se le mantuvo en todo momento leal. Hay un detalle en la vida de Gonzalo que resume con precisión la relación que mantuvo con el rey. Me refiero al episodio de las cuentas, que se ha confundido con la leyenda. Efectivamente hay unas cuentas del Gran Capitán y en un documento grueso que se conserva en el Archivo General de Simancas donde las cuentas están rendidas con un detalle que más de uno y dos que tienen que rendir cuentas del dinero público podrían tomar como ejemplo. Pero la leyenda a la que da lugar, lo que viene es a poner de manifiesto esa desconfianza del rey, cuando esa leyenda dice al final “y un millón de ducados por pedirle cuentas a quien os ha regalado un reino”. Esa frase viene a resumir la actitud cicatera de Fernando y el orgullo de Gonzalo ante las cuentas que se le están pidiendo.

P. Tras desterrar al Gran Capitán a Loja, ¿el rey esperaba respuesta a la provocación?

R. No. Y de hecho se produce un acontecimiento importante que es el que a mí me sirve para arrancar la novela. En 1512 el ejército hispano es derrotado en Rávena por los franceses y rápidamente los aliados del rey Fernando (venecianos, el Papa) lo que le dicen es que Gonzalo tiene que regresar a Italia. El rey, para dar satisfacción a esas peticiones, le pide que levante un ejército y Gonzalo se apresta inmediatamente. Eso ocurre durante el verano de 1512, Gonzalo llama a sus viejos capitanes y las crónicas dicen que pese a los problemas que existían en aquella época para levantar ejércitos, este no tuvo ningún problema. El Gran Capitán actuaba como una especie de talismán, la gente quería luchar bajo sus banderas. Gonzalo nunca planteó el más mínimo problema a Fernando a pesar de que el rey lo ha engañado. Por eso decía que su principal defecto fue mantener una lealtad con quien no le correspondió.

P. ¿Qué hubiera sido del personaje histórico del Gran Capitán si hubiera caído en manos de historiadores de otro país?

R. Si el Gran Capitán hubiese sido anglosajón, Hollywood nos hubiera llenado de películas de un personaje como él. Pero como en España no solemos ser muy condescendientes con nuestra propia gente, todo está muy restringido. A él le ha ocurrido lo que a otros personajes de nuestra historia. Me acuerdo de Blas de Lezo, que ha sido un personaje poco menos que desconocido durante mucho tiempo y eso que infringió a los británicos la mayor derrota naval que han sufrido en su historia. Y sin embargo, nadie le ha echado cuentas, incluso ha costado algo de trabajo que se levantara un monumento en recuerdo a aquella victoria en Cartagena de Indias. En mi opinión, al Gran Capitán no se le ha hecho justicia y eso que la literatura a lo largo del tiempo lo ha tomado como una referencia. Mucha gente se sorprendería de saber que el best seller en los momentos de la Revolución francesa, en el París de 1789, era una novela de Florián sobre el Gran Capitán. Probablemente porque el Gran Capitán había vencido a los reyes de Francia y en aquel momento la monarquía francesa estaba de capa caída.

P. Dígame un personaje actual que pudiera encarnar parte de los principios del Gran Capitán.

R. Es muy difícil porque los personajes responden a los modelos de vida de su tiempo y el tiempo que le toca al Gran Capitán no es comparable con el actual. El presentismo histórico es muy peligroso, cuando juzgamos con criterios actuales actitudes de hombres de hace 500 años nos estamos equivocando, ellos son fruto de su tiempo y responden a los planteamientos de su época. Oímos decir que el Cardenal Cisneros era un personaje tenebroso, quien así lo dice lo está enjuiciando con la mentalidad de un hombre del siglo XXI.

P. Liderazgo, confianza, lealtad… El Gran Capitán sería ahora un gran coach político.

R. Sí… Era muy admirado por sus propios soldados, ellos empezaron a llamarlo Gran Capitán. Y eso que era capaz de aplicar una disciplina extraordinariamente rigurosa para la época, llama la atención que ejecutara a sus soldados que violaban mujeres, cuando las mujeres eran consideradas un botín de guerra. Nunca admitió que se ultrajara a las mujeres.  El Gran Capitán tuvo muchos perfiles, el más conocido es el de militar, pero en él también estuvo presente el espíritu caballeresco de la época que le valió para saber estar en cada momento en la situación que le corresponde.

“SI NOS QUEDAMOS SIN POLÍTICA, QUÉ TENEMOS. QUIERO ROMPER UNA LANZA POR LOS POLÍTICOS QUE MERECEN ROMPER UNA LANZA POR ELLOS”

P. No me resisto a hablar de política actual. Una pregunta que sirva de transición, ¿echa en falta en los partidos políticos actuales la lealtad del Gran Capitán?

R. Quiero romper una lanza en favor de los políticos, esto de ponerlos en el tiro al blanco no puede ser. Si nos quedamos sin política, qué tenemos. También es muy hispano ese deseo de acabar con lo que hay sin tener un repuesto preparado. Lo digo probablemente siendo políticamente incorrecto porque sé que millones de españoles piensan que un problema del país son los políticos, pues bien yo quiero romper una lanza por aquellos políticos que merecen que se rompa una lanza por ellos. Dicho esto, me parece que hoy un problema para muchos políticos, al menos para los que tienen que coger el relevo de la generación de la Transición, es convertir la política en una profesión. Y no debe ser así. La política es un tiempo que se dedica a la sociedad a la que uno pertenece y a la que puede y debe devolverle algo de lo que la sociedad le ha dado. Ahora, convertirla en una profesión, en un modo de vida, significa que las lealtades desaparecen inmediatamente. Probablemente eso forme parte de esta sociedad en la que los valores materiales están primando sobre cualquier otro. Quien se dedique a la política durante un tiempo de su vida tendrá que vivir de la política porque es la actividad que está desarrollando en ese momento, pero el reto que tenemos por delante es no hacer de la política una profesión.

P. Estuvo en primera línea política en la Andalucía de Chaves y ahora vive en la Andalucía de Susana Díaz, ¿aprecia grandes diferencias?

R. No hay grandes diferencias. En Andalucía estamos viviendo una situación que desde mi perspectiva puede llegar a complicarse de forma grave: un partido eternizándose en el poder acaba convirtiéndose en un régimen. Yo recuerdo cuando se hablaba del PRI mejicano como fuente de toda clase de corrupciones y abusos porque llevaba décadas en el poder. Nosotros tenemos que reflexionar seriamente sobre esto. Es cierto que un partido gana las elecciones porque hay una determinada gente que mayoritariamente vota a ese partido, pero la salud de una democracia se mide por el cambio de poder. Desgraciadamente Andalucía sigue estando en la cola del país en muchos aspectos, como la renta per cápita o el producto interior bruto, y a la cabeza del fracaso escolar, después de cuatro décadas de gobierno del PSOE. En cuarenta años hay tiempo para cambiar determinadas estructuras sociales y económicas, sobre todo en esta Andalucía de una riqueza innata tan grande como para dar un vuelco razonable desde el punto de vista social y económico.

“ENTIENDO QUE SE TOME LA DECISIÓN DE HACER DESAPARECER AL PA, PERO HAY QUE SALVAR ESTE MOMENTO CON DIGNIDAD”


Calvo Poyato, en el Castillo de MontillaP. Pero yo no me creo que a las personas que han gobernado durante estas cuatro décadas en Andalucía no les interese ese cambio.

R. Durante estos años se han ido creando unas estructuras –y esto también es políticamente incorrecto- donde hay gente que ha acomodado su vida a la idea de la subvención, a la idea de qué me tiene que dar la sociedad. Andalucía hoy es una sociedad subvencionada y hay mucha gente aferrada a esas subvenciones, llámense como se quieran, no me estoy refiriendo solamente a quien se acoge a recibir el subsidio del paro y no tiene, por tanto, estímulos para iniciar otra etapa profesional. Hay otro sector de la sociedad que sí tiene esa capacidad para tomar iniciativas, yo me rindo ante él, no puede ser de otra manera. Yo creo que ha habido mucho interés de mantener una especie de clientelismo político a través de la subvención que nos ha hecho un daño horrible. Una sociedad subvencionada es una sociedad adormecida, incluso atontada desde muchos puntos de vista y con difíciles capacidades de reaccionar ante determinados retos. Hemos construido un mundo extraordinariamente competitivo, nos guste o no, y ceñirse a vivir de la subvención es un mal camino.

P. La última, sobre el Partido Andalucista. ¿Llamando a las puertas de Ciudadanos?

R. El PA está en un proceso de desaparición y en mi opinión, este proceso no se puede hacer con rapidez. Hay una veintena de alcaldes y más de 300 concejales que hace tres meses dieron la cara por unas siglas y que obtuvieron cierto respaldo, a todos ellos no se les puede dejar sin partido. Entiendo que se tome la decisión de haber llegado a una etapa final, pero hay que salvar este momento con dignidad. Después no sé por dónde tirará la gente que quiera seguir vinculada a la política, es probable que unos opten por Ciudadanos, yo tengo conocimiento que otros andan ligados a Podemos y otros se irán al PP, al PSOE o a su casa. Personalmente, la liquidación del PA me produce tristeza, creo que Andalucía necesita de un partido propio que sin renunciar a que formamos parte de España, saque a esta tierra de esos problemas de los que hemos hablado antes. Ese final digno al que me refiero, podría servir para que alentase el nacimiento de otra cosa, no sé lo que es en este momento, otra cosa que retomara la bandera del andalucismo que Andalucía necesita.

SALVA LORIGUILLO Fotos: FRANCIS SALAS

Viajas en un tren hecho con cachitos de Andalucía.