Me da el titular justo en la última frase. Antes, la conversación con José Manuel Belmonte (Córdoba, 1964) ha transitado por la naturalidad de quien se siente satisfecho con su trabajo. La razón para entrevistar al escultor la tenemos a 700 kilómetros, en el Museo Pablo Gargallo de Zaragoza, ciudad a la que ha confiado buena parte de sus últimos trabajos en una exposición titulada La naturaleza del alma que se alargará hasta el 26 de junio.

En la quietud de su taller huérfano de los rostros de sus creaciones, el sonido de la radio –el boletín de las 2 de la tarde habla, cómo no, de investiduras pinzadas- acompaña sus reflexiones sobre Córdoba, el arte o La Regadora que nació de un homenaje a los patios. Es cierto lo que me anunció por teléfono, su taller está vacío de esculturas; casi mejor, así disfruto del Belmonte de las palabras.

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PREGUNTA (P). ¿De dónde surge la idea de exponer en el Museo Pablo Gargallo?

RESPUESTA (R). Una persona que conozco allí en Zaragoza me puso en contacto con el técnico de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza. En un principio, no era este museo el elegido para exponer, pero una vez que hicimos la selección y vieron la envergadura de las piezas, se decidió que el Museo Pablo Gargallo era el mejor sitio. Ocupo las tres salas museísticas con tres series y el resto de piezas seleccionadas: en la primera aparecen los Hombres pájaro; en la segunda, los ocho miembros de El recreo de los ausentes, que recuerda esa imagen de que volvemos a ser niños cuando nos hacemos mayores, me enfrento a una realidad que a todos nos tocará pasar como el alzheimer y la demencia senil; y en la tercera sala aparece una serie de trece relieves agrupada bajo el nombre El pecado, que habla de la influencia que tuvo la iglesia en la infancia de mi generación, de cuando nos hablaban de los pecados mortales, el sexo… A la exposición se le ha metido una iluminación muy teatral y sorprende mucho, sobre todo los ancianos de El recreo de los ausentes.

El recreo de los ausentes

El recreo de los ausentes. FOTO: PRIMO, blog fotográfico

(P). Exponer en Zaragoza, ¿se lo toma como una oportunidad o como un premio después de tantos años?

(R). Yo me considero más que un artista, un trabajador del arte. Llevo desde los 17 años que empecé en la Escuela de Artes y Oficios, donde los propios profesores ya me hacían los primeros encargos. Y hasta ahora, que tengo 52 años. Creo que estoy recogiendo los frutos de este trabajo, estoy viviendo una época de reconocimientos, desde la Medalla de Andalucía de hace dos años, al premio Averroes o el premio de la Fundacion de las Artes y Artistas de Barcelona, que es el premio más prestigioso de escultura figurativa de Europa… Un amigo me decía que exponer en Zaragoza era como jugar la Champions. El día que vi el cartel de mi exposición en la fachada del museo me emocioné mucho, yo estudié desde joven a Pablo Gargallo y siempre lo he admirado, sobre todo su escultura El profeta. Aquel día me vinieron muchos recuerdos de toda esa gente que me ha soportado en este camino. Me siento muy orgulloso, la verdad. Y por primera vez. Nunca me había parado a pensar el tema de los éxitos, pero cuando me vi en aquel museo, con 52 años y siendo el primer artista vivo que expone allí, fue muy especial.

“En muchos países, incluso, está legislada la presencia de esculturas en las calles: se ponen lo mismo que las zonas verdes, los bancos y farolas”

(P). Por regla general, las esculturas figurativas integradas en el espacio urbano agradan a todo el mundo. Quiero decir que a la gente le suele gustar ver en plazas y calles este tipo de arte. Y sin embargo, vemos muy pocas por nuestras ciudades…

(R). Es una cuestión cultural que pasa, sobre todo, de Despeñaperros hacia abajo. Hacia el norte se suelen ver muchas esculturas y en el resto de Europa ni te cuento. En muchos países, incluso, está legislada la presencia de esculturas en las calles, lo mismo que se ponen zonas verdes, bancos y farolas, en esos países se ponen esculturas. A esa falta de cultura, se le une un cierto miedo por parte de las administraciones públicas a que una escultura no guste. Aquí se miran las tendencias, que si una escultura es abstracta no gusta a cierta gente, que si es figurativa tampoco. Eso es absurdo, esculturas se tienen que poner de todo tipo porque así es como se despierta un espíritu crítico entre la ciudadanía. Precisamente los artistas siempre nos quejamos de que la gente no va a ver exposiciones, por eso el arte tiene que estar en la calle, conviviendo con la ciudad. Si la gente viera de cerca el arte, le quitaría esa etiqueta de elitista que siempre le persigue. Se acostumbraría a verla y acabaría demandándola.

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(P). ¿Se siente cómodo en Córdoba?

(R). Actualmente sí. Tuve mi momento. En un principio yo estaba bien en Córdoba, después estuve peleado con la ciudad y ahora me he vuelto a reconciliar. Me he dado cuenta que, en mi opinión, Córdoba es la ciudad ideal para un artista. Tenemos un clima fantástico, un paisaje urbano espectacular, la sierra a dos minutos, el olor al azahar, las mujeres guapas… Córdoba es un vergel. Y lo digo con conocimiento de causa porque he estado trabajando en Bruselas, Italia, Singapur, Japón… y como se vive aquí, no se vive en muchos sitios. Aquí se está relajado y eso influye también en la obra de un artista.

(P). Algo malo tendrá esta ciudad.

(R). Una virtud de Córdoba y a la vez un problema es que aquí estamos rodeados de tanta belleza que no somos capaces muchas veces de valorarla. Y eso hace que no reconozcamos a nuestros artistas porque como lo vemos más fácil, como ha habido tantos artistas cordobeses, pues que haya un más no tiene ningún valor. En cambio, cuando el artista cordobés sale fuera, se le reconoce de una manera bestial. Mi ejemplo es ese. A Córdoba no le llegas a tomar el pulso nunca, yo ya he definido a Córdoba como la ciudad del eterno empezar. Cuando crees que ya eres alguien, a la semana siguiente se han olvidado de ti y tienes que empezar de nuevo. Utilizo también otra frase para esta ciudad: Córdoba, madre de los foráneos y madastra de sus hijos. Aquí siento la falta de apoyo. Hay ciudades como Málaga con una infraestructura cultural espectacular y resulta que les hacen falta artistas, en Córdoba tenemos un potencial sublime pero ni tenemos espacios expositivos ni se apoya a la gente joven. Muchos artistas cordobeses se están asentando en Málaga, eso lo dice todo.

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(P). Qué buena sería la cultura para salir de la crisis a través de ella…

(R). La cuestión de la cultura es saber gestionarla y saber darle cabida a todo el mundo, la cultura debe ser plural, no sectaria como hemos estado viviendo en numerosas veces. La política tiene que apoyar a los artistas, pero no tomar partido ni por personas ni por tendencia.

(P). Y a los que critican las subvenciones a la cultura, ¿qué les dice?

(R). Las subvenciones no siempre se han dado de una forma justa. Están los artistas del régimen, como yo los llamo, que tienen la suela gastada de los pasillos de las administraciones y están esos otros artistas que merecen esas ayudas y que nunca se les ha facilitado nada. Las subvenciones se deberían gestionar mejor y así habría menos críticas.

(P). ¿En qué está trabajando ahora?

(R). Ahora estoy trabajando en una pieza que va a formar parte de una serie que no sé si acabaré, porque soy un artista de impulsos, visceral. Se llamará algo así como los ‘Mártires modernos’ y me servirá para retratar a la sociedad y sus verdaderos mártires actuales: el emigrante, la mujer maltratada, el indigente… Quiero tratarlo de una manera sutil, serán mártires civiles que no irán a las iglesias pero que son los verdaderos mártires en estos omentos.

Belmonte 8(P). A su edad, 52 años, ¿tiene alguna propuesta para dedicarse a la formación y enseñar a los jóvenes?

(R). Me lo han ofrecido varias veces, pero la docencia y la creación son incompatibles en mi caso porque soy radical y a lo que me dedicara, me volcaría por completo. Además veo poco interés, yo estoy en contacto con la gente de Bellas Artes y Oficios y los profesores se quejan de que los chavales van a sacar un título o porque quieren tener un acceso para otra carrera y, en realidad, no tienen interés. Vivimos en una sociedad del todo vale, de todo rápido, del máximo con el mínimo, yo por suerte fui de esa última generación que aprendió el oficio desde los cimientos. Ahora, la educación de este oficio es muy complicada. Hay que reconocerlo, el Bachillerato de Artes fue una mala decisión, no ayuda a despertar vocaciones, las ahoga más bien.

(P). Dígame un sitio en Córdoba y otro en Andalucía donde le gustaría colocar una escultura suya.

(R). Antes de nada, me gustaría decir que el arte no debe estar condicionado siempre por el encargo. Por una vez, me gustaría que eligiesen una obra mía para exponerla donde quieran. Tengo profesionalidad para hacer el encargo, pero quisiera que se me valorara y reconociera por mi verdadero arte. Dicho esto, en Córdoba hay sitios que se merecen que se ponga una escultura de grandes dimensiones como la Plaza de las Tres Culturas y la glorieta oval del Pretorio donde ahora está la réplica de la escultura Nerón y Séneca que ahí queda ridícula. En cuanto a Andalucía, me apetecería exponer en el mar, construir una isla y en medio poner una gran escultura.

SALVA LORIGUILLO Fotos: FRANCIS SALAS

Viajas en un tren hecho con cachitos de Andalucía.