El Amor es un sentimiento muy bonito, descargable y con múltiples utilidades aplicables a la vida real. Dispone de una interfaz intuitiva que ha sido desarrollada para todos los sistemas operativos; sin embargo, suele ofrecer problemas en aquellas personas que no han seguido los pasos estipulados de instalación (léase que han instalado la versión Free Download, cuya autoría es aún desconocida aunque se atribuye a un terrorista cibernético) o que, simplemente, han preferido conformarse con la versión Beta, primer ensayo que sirvió para patentar el producto.

expreso del sur movilA día de hoy, el Amor ha llegado a millones de personas a través de los dispositivos android y iphone y amenaza con superar en descargas al mismísimo Whatsaap, cuyos desarrolladores han admitido que ‘hemos acercado a personas alejadas, pero el Amor los ha unido definitivamente’. Las marcas de ropa, perfumes y juguetes eróticos aplauden el invento e invierten cantidades millonarias en el patrocinio de esta aplicación. “El Amor es maravilloso si sabes utilizarlo”, afirma Martina Wortenahüer, directora gerente de Lingo 4 Woman, reputadísima firma de lencería brasileña; Martina se reconoce enganchada y feliz, “sobre todo desde que existe la opción de publicar los tests de pasión en el muro de Facebook”.

“Los genios del siglo XXI son aquellos que han traducido la realidad, por simple que parezca, al código binario para devolvérnosla aderezada con logotipo, eslogan y filosofía corporativa”, afirma Jonnas Eisenstein, profesor del departamento adjunto de nuevas tecnologías de la universidad autónoma de Rihla. “El amor siempre ha existido, pero a nadie se le había ocurrido gestionarlo a través de un móvil”, sentencia. Otros investigadores apuntan que la cyborización de la sociedad está sucediendo demasiado rápido. Al margen de las utilidades que potencian el alcance de la comunicación, la orientación o el recuerdo, los seres humanos gestionan realidades tan íntimas como los sentimientos a través de un nodo creado a base de plástico y coltán. “Se trata de la delegación de toda responsabilidad en un aparato: desde la hora de abandonar la cama hasta el momento idóneo para las relaciones sexuales –que la app Amor estipula en función de múltiples variables– trastornando el sentido mismo de la condición humana”.

Los desarrolladores de la aplicación soportan las quejas reiteradas de organizaciones sin ánimo de lucro, confesiones religiosas, escuelas filosóficas, contubernios ético-políticos y, por supuesto, de un nutrido grupo de asociaciones feministas radicales que han unificado sus gritos de guerra: ‘Mujer atada = mujer enamorada’. Por su lado, los responsables del proyecto Amor se defienden con datos estadísticos que, más allá de eludir las acusaciones de los detractores, voltean el argumento y sostienen que “los comportamientos humanos en torno al amor son fácilmente cuantificables, ponderables y susceptibles de cumplir las propiedades asociativa, conmutativa y distributiva; incluso, en algunos casos, se cumple la función del elemento neutro”.

Carl Jeremías Sggaz utilizó su columna en L’Observateur para lanzar al mundo una pregunta retórica: “¿Hemos devenido en autómatas, en cyborgs o en androides?” La cuestión evade cualquier observación, y desde diversos círculos científicos, religiosos y profanos la respuesta es similar: no se trata de una circunstancia aislada, ni siquiera debe importar cómo se llama el programa informático de turno ni cuáles son sus verdaderas funciones; el quid o problema, según se mire, deriva de un punto exacto y fácilmente detectable: la mentalidad occidental, esa pseudo cosmogonía que utiliza los avances científicos y tecnológicos para la explotación de los recursos, la banalización humana y el apoltronamiento existencial; una mentalidad capaz de justificar cualquier avance por el mero hecho de suponer una novedad, soslayando sin cortapisas los principios de la Ética y la Filosofía, que a día de hoy son dos sencillas aplicaciones obsoletas, gratuitas para más señas, que apenas sirven como base de datos para estudiantes de secundaria.

“Los usuarios son el reemplazo natural de los ciudadanos”, explica Gualterio Bámbola, catedrático de semilogía en la universidad de Padova: “Un voto cada cuatro años no puede competir contra una descarga cada dos minutos”.

ANTONIO J. CRIADO

Juntaletras. Profesor. Periodista. Colaborador de Expreso del Sur