El 11 de noviembre de 1922 nace en la calle de Santa Escolástica de la ciudad de Granada, Amalio García del Moral y Garrido, hijo de Raimundo García del Moral y Lozano de ascendencia manchega y Marina Garrido Molinero, granadina. Es por ello que: las llanuras manchegas conjugadas con el arabesco de la verticalidad granadina forjan la personalidad de este ser inquieto que, desde bien pequeño reclamaba el color carne con el fin de que sus obras cobrasen vida.

Muestra de ello es el autorretrato que le hace con tan solo catorce años a su abuela María Teresa y que se expone por vez primera en el centro artístico de su ciudad natal donde el crítico Marino Antequera pone de manifiesto la vitalidad pictórica de la ciudad y cómo no, la de aquel pintor novel que, en 1941 es becado por el Ayuntamiento de Granada para ampliar sus estudios en la capital del reino de España. Allí es donde, este artífice del color recibe con tan solo veinte años y de la mano de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando su primer premio de dibujo al antiguo.

Autorretrato

Autorretrato

En 1947 es premiado en la V Exposición Nacional de Arte por su cuadro titulado: Florero, entre otros lienzos que destacan en su primera exposición individual celebrada en la Asociación de la Prensa de Granada en junio de 1950, lugar donde Antequera destaca el gran porvenir de este artista total que, desde su primer estudio, situado en lo alto del Caidero, lugar privilegiado de la ciudad que le vio nacer, creaba obras como Las Monjas, adquirida por el príncipe Amir Karimjee para su colección de arte español; El cementerio, vendida a Paulho Cunha a Lisboa, Puentes sobre el Adaja a Martín Artajo de Madrid o El Feriante a la colección Óscar H. Steiner Building de Los Ángeles (California), entre otras.

En 1955 este artífice del color, recibió por encargo de la orden dominica del convento de la Scala Coelli, situado en Córdoba la decoración de la capilla de San Álvaro, cuyo estilo neoclasicista refleja el milagro de San Álvaro, según el cual al bajar el santo a la ciudad a predicar se encontró con un mendigo que recogió y trasladó al convento. Al preguntarle el prior sobre a quién traía, resultó ser el propio Jesucristo. Para aquel suceso, Amalio representó al padre José Plaza, encarnado en San Álvaro, y a los dominicos José María Yañez, Antonio García del Moral y Garrido, Rafael Cantueso, fray José María Rodríguez, y otros religiosos de la orden. Ese mismo año, Amalio publica Gitanos, prologado por José Carlos Gallardo, componente del grupo poético Gallo de Vidrio, obra en el que pintor a través de sus lienzos, se acerca al misterio que evoca la figura del gitano. Y es que el propio García del Moral se integró con esta raza al convivir con la familia del Rabo, gitanos andarríos que, vagaban libremente de un lugar a otro. Aunque el libro y la muestra obtuvieron un éxito rotundo, el pintor decidió abandonar aquella faceta con el fin de buscar nuevos horizontes e ideas en cuanto a su pintura.

Años después, el pintor y poeta como las aguas del río Genil desembocó un día de primavera de 1962 en la ciudad de Sevilla y desde la Calle Placentines, quedó prendado de uno de los hitos arquitectónicos, la Giralda. Ese mismo año, Amalio y con el fin único de dirigir con su amante infinita, la pintura, su mirada introspectiva hacia la torre de la capital andaluza, establece su residencia y estudio en el número tres de la plaza de Doña Elvira. Once años más tarde y en el número siete de esta plaza, actual sede de la Fundación Amalio situada en pleno barrio de Santa Cruz, compró ALQUIBLA, que no es sino “la casa que el pintor compró a la Giralda para hacerla suya” y que convirtió en su estudio. Lugar donde su lirismo de corte poético se aunaba con la pintura.

En 1973, el pintor comprometido con la cultura conecta con el grupo poético Gallo de Vidrio, colectivo juvenil y cargado de ilusiones en el que el propio Amalio, aplicando la regla del ut pictura poesis armoniza el arte de la pintura con la propia palabra y es que García del Moral en el poemario El Pan en la Mirada (Canciones del pueblo andaluz) se clasifica como “un cantor del pueblo con colores y palabras de las vidas consumidas”, pues este trovador, como ser supremo, captaba lo que otros no percibimos, un hecho aplicable al resto de artistas.

Andalucia Libre

Andalucia Libre

Amalio, conocido popularmente como el pintor de la Giralda, publicó en el año 1983 Alquibla en el que dirigía su mirada introspectiva desde su Quibla particular, su estudio, hacia la Giralda, hito arquitectónico de Sevilla y lugar donde el 26 de mayo de 1984 la catedrática de Literatura María Elena Barroso Villar tuvo a bien presentar aquel libro de poemas dedicados a la torre hispalense.

En 1986, publica Reolina, poemas y morifismas, subtitulado poesía en imágenes y prologado por Antonio García Berrio, retórico y teórico de literatura española. En este libro, Amalio muestra su interés por fundir la vertiente pictórica con la poética, en el que las palabras, formas y colores se armonizan y funden en un solo ser.

García del Moral, además de los 365 gestos de la Giralda, creó lienzos como Mis hijas, galardonado con la Medalla de Plata del Salón Les Arts en Bruselas, La saeta, Naturaleza Orgánica, entre otros, cuyo estilo y técnica tan dispar, no permiten clasificarlo en una sola expresión artística. El artista -además de las influencias de tradición clásica y barroca-, desarrolla paralelamente otras manifestaciones artísticas más personales que evolucionan desde el expresionismo de corte matérico hasta el Tarol-armonicismo, cuyo manifiesto, leído el 12 de febrero de 1982 y publicado en Reolina, poemas y morfismas, recoge que no se trata de un estilo, sino más bien de una teúrgia que conjura lo inefable al escapar de uno mismo. Aquella lectura, culminó con la presentación de una de sus obras que resultó ser: La Guitarra Higiénica para pasar una noche de Amor con la Giralda.

Andaluces_de_carga

Andaluces_de_carga

De corte más clásico e inmersos en el realismo simbólico o poético son aquellos lienzos en los que García del Moral, con su lirismo de corte autobiográfico plasmaba su realidad a través de personajes andaluces en series como La Andalucía Negra, compuesta entre otros lienzos por: La Pobre Desmontable, Los Oprimidos, Andaluces de Carga o El Pan Encadenado, adquirido en el año 1973 por el entonces Director General de Bellas Artes para el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. El propio pintor fue definido en el poema Mulos al atardecer, escrito por José María Requena, ganador del premio Nadal en 1971, como un andaluz total debido a su desmesurada implicación con la sociedad. Es por ello que sus cuadros no dejan impasible al público que visita su estudio, lugar donde lo imperceptible coexiste con lo visible al conjugarse su obra con el sutil sonido del agua procedente de la fuente que encabeza la Plaza de Doña Elvira y las vistas a la Giralda, conocida como la turris fortísima, motivos que no incitan sino a la creatividad y expresión de emociones de aquellos que aún recuerdan la figura de este pintor y poeta, fallecido en Sevilla el 11 de febrero de 1995.

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