La Judería de Sevilla comprendía los actuales barrios de Santa Cruz, Santa María la Blanca y San Bartolomé, y estaba separada del resto de la ciudad por una muralla, que bajaba desde el comienzo de la calle Conde Ibarra, pasando por la Plaza de las Mercedarias, hasta la muralla de la ciudad. Un paseo turístico cultural conduce hasta dos de las joyas de la arquitectura civil de la capital andaluza: los palacios de Altamira y Mañara.

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Palacio de Altamira

La morfología urbana de Sevilla fue transformada al desaparecer la judería en el siglo XVI, acogiendo numerosos ejemplos de arquitectura monumental, tanto civil como religiosa, entre las que se encontraban las casas-palacio de Céspedes, Levíes y de los duques de Béjar, desaparecidas, y las de Altamira y Mañara, rehabilitadas con fondos públicos y convertidas ambas como sedes administrativas de la Consejería de Cultura pero abiertas a las visitas turísticas en sus espacios más notables.

El Palacio de Altamira fue edificado por el Justicia Mayor del Reino, Don Diego López de Stúñiga, quien, tras la compra de construcciones colindantes, levantó sobre ellas a fines del siglo XIV un palacio de gran entidad siguiendo el modelo de los Reales Alcázares de Sevilla. Durante los siglos XV y XVI la mansión estuvo ligada al linaje de los Stúñiga (o Zúñigas), Condes de Plasencia, Duques de Bejar, Marqueses de Villamanrique y de Ayamonte y, posteriormente, Condes de Altamira por cuyo nombre se conoce hoy día al palacio. De todos sus propietarios el palacio recibirá obras y mejoras. A lo largo del primer tercio del siglo XVII se  construyó la crujía de fachada. Durante la segunda mitad del siglo XIX el palacio dejó de estar vinculado a los Condes de Altamira aunque el título pervivió para designarlo, convirtiéndose en casa de vecinos.

El entorno urbano donde se levanta Altamira fue conocido como Puerta de la Judería y, desde 1576, como Puerta de la Carne. Tras la conquista castellana, en 1248, se implantó la nueva judería en los actuales barrios de Santa Cruz y San Bartolomé. En ella habitaron un grupo social de judíos ricos, algunos de ellos almojarifes reales y municipales. En el solar del Palacio de Altamira tuvieron viviendas Yusaph Pichon y Samuel Abravanel (Juan Sánchez de Sevilla) dos destacados miembros de dicha comunidad.

El palacio de Altamira se configura, fundamentalmente, en dos núcleos principales: el Palacio Real y el Palacio de los Azulejos. El Patio: dispone una alberca central, rodeada de parterres y galerías porticadas con columnas y fustes cuyos capiteles y basas proceden de materiales de acarreo. La Qubba o Cuarto Real: alberga elementos de carpintería de madera de los siglos XIV y XV. Conforman una colección única de de carpintería medieval . El Aposento Ducal: En él se exhiben actualmente restos de frisos, pavimentos, yeserías policromadas, pinturas murales, umbrales y fuentes. El Pórtico: En este espacio, se ha creado un pequeño museo que agrupa objetos relacionados con la vida cotidiana de los habitantes de Altamira desde hace seiscientos años hasta la actualidad. La Huerta del Palacio: Se exponen piezas localizadas fuera de contexto, por lo que ha sido imposible restituirlas a su lugar original.

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Palacio de Mañara

El edificio conocido como Palacio de Mañara se haya ubicado en pleno corazón de la antigua aljama (judería) de Sevilla. De antiguo origen islámico, en el siglo XV se procedió a la construcción de un nuevo edificio al que denominamos Casa Mudéjar que, a su vez, sería derribado por Don Juan de Almanza para superponer el palacio actual que sigue fielmente los dictados ornamentales del Renacimiento. En 1623 es comprado por Don Tomás de Mañara y Colonna, Cargador de Indias, quien adaptó el inmueble a la moda de su época. De su hijo, Don Miguel de Mañara y Vicentelo de Lecca, fundador de la Hermandad de la Santa Caridad, es de quien el Palacio toma su actual denominación. Durante los siglos XVIII y XX tuvo los más diversos usos: domésticos, militares, fabriles, religiosos y, por último colegio.