Que la Jefatura de la Policía Local de Córdoba se encuentre en la Avenida de los Custodios no es una casualidad. Los custodios, según la tradición católica, eran ángeles de la guarda que se asignaban a cada persona con el único fin de protegerla. Más allá de esas creencias, los ángeles de la guarda existen dentro de la policía cordobesa. Doy fe.

Son los miembros del  equipo Libra, la unidad especializada en asistencia, protección y seguimiento de las mujeres sometidas a la injustificable violencia machista de sus compañeros.

repor 7

Por estas dependencias, el 25 de Noviembre viene, como el resto de días, cargado de historias dramáticas, incomprensibles a los ojos de una sociedad que se tiene por civilizada. Afuera, las concentraciones de repulsa, las manifestaciones de condena y las actividades educativas se suceden. El mensaje es conocido: acabar con esta lacra y desterrar el machismo cultural. Lo verdaderamente duro ocurre dentro, entre estas paredes, desesperadas de escuchar cómo tantas historias de amor se apagan entre amenazas y golpes.

Córdoba y su Policía Local cumplen más de dos décadas como vanguardia en la custodia de las víctimas de violencia de género. El intendente Andrés García habla de “una sensibilidad especial por estos temas” desde 1994, cuando aparecieron las primeras voces favorables a una mayor formación de los agentes para abordar esta problemática.

La especialización de los cuerpos de seguridad se fue haciendo una realidad, así como la coordinación, el otro concepto clave en la lucha contra el machismo criminal, en opinión del intendente. La socialista Ley Integral contra la Violencia de Género de 2004 otorgó el marco jurídico propicio para una comunicación fluida entre todos los agentes presentes –policiales y jurídicos- y tres años después surgía este equipo Libra cuya labor entre la ciudadanía cordobesa acaba de ser reconocida en los III Premios Menina concedidos por la Delegación del Gobierno de España en Andalucía.

 

repor 4La denuncia, el punto de partida

La unidad se pone en marcha en cuanto una mujer agredida o amenazada contacta por teléfono (957 238080) o se persona en las instalaciones policiales. La rapidez en la primera atención es fundamental. En esos primeros minutos, la víctima también dispone de asistencia jurídica y psicológica –con el convenio con el Colegio Oficial de Psicólogos, este cuerpo policial también es pionero- previa a la interposición de la denuncia. Y a partir de ahí, la autoridad judicial se hace cargo del agresor y el equipo Libra de la persona agredida.

En cuestión de horas, la mujer puede volver a su domicilio con una orden de alejamiento o con otro tipo de medidas cautelares adoptadas por el Juzgado. La protección y el seguimiento por parte de los integrantes del equipo no ha hecho más que empezar. Cada víctima se le asigna a un agente –llamémosle su ángel de la guarda- y ahí nace una relación de confianza que será imprescindible para que la protección se mantenga con éxito.

De media, alrededor de 80 mujeres cuentan a diario con la asistencia de los agentes de la unidad. Los necesitan para buscar la ruta más segura para ir al trabajo, para sentirse seguras cuando van al colegio de sus hijos o, simplemente, para vivir en su casa sin miedo, como sostiene Fernando, oficial del equipo. Este acompañamiento, a veces visible, a veces de incógnito,  manda un mensaje directo –‘  víctima no está sola’-  a ese agresor que, quién sabe, quizás espera, observa, intimida tras la próxima esquina. Una vez que la mujer entra en el campo de acción de los agentes Libra, no existe un límite temporal para dejar de recibir este servicio. Se mantiene tanto tiempo como sea necesario.

repor 1

 

Puesto vocacional

Durante una primera etapa, la llamada Unidad de la Mujer se nutría de agentes que alternaban su dedicación a las víctimas de la violencia de género con otras labores propias de la Policía Local. Pero este sistema dificultaba la aparición de esa confianza que se requiere entre protector y protegida. Se entraba en la espiral de una segunda victimización poco recomendable.

Los mandos pronto vieron que la solución pasaba por organizar un equipo fijo y pidieron voluntarios. Juan José, uno de los que dieron un paso al frente, lo define como “un puesto vocacional”, “con mucha sensibilidad”, añade su compañera de patrulla María José, quien preguntada por los peores momentos, responde sin dudar: “Cuando hay menores de por medio”. “Si ya es duro trabajar con mujeres que sufren violencia, imagínate cuando los menores también son las víctimas”, se sincera.

repor 8

Precisamente el tema de los menores está llamado a recibir pronto la atención del legislador. Numerosos expertos coinciden en esa idea, a pie de calle los agentes la corroboran. La legislación vigente se intuye insuficiente para atajar la violencia de género en adolescentes, muy vulnerables ante las trampas y vacíos legales que marchitan las redes sociales. Quienes pensaban que el terrorismo machista menguaría a medida que las nuevas generaciones ganaran presencia en la pirámide poblacional, se equivocaron. En igualdad, la juventud también tiene una asignatura pendiente.

 

Práctica de autodefensa

Formación en autodefensa

Y mientras ese sentimiento de soledad que las inunda va desapareciendo, la interacción policial con las mujeres va un paso más allá con unos módulos prácticos de autodefensa impartidos por David, también integrante de la unidad, quien se propone con estas sesiones de ejercicios dotar a las víctimas de diversas técnicas para salir al paso de posibles nuevos ataques por parte de sus agresores.

“Lo más positivo de estas simulaciones es la confianza que ellas cogen para salir a la calle con la cabeza alta, sin miedo”, reconoce quien lleva organizando desde hace siete años este tipo de acciones formativas. La autodefensa como herramienta para ganar en autoestima, como mecanismo para regresar a la vida, una vida con ángeles de la guarda, con custodios para la igualdad y la no violencia.

 

016-telefono-maltratadas

SALVA LORIGUILLO Fotos: FRANCIS SALAS

Viajas en un tren hecho con cachitos de Andalucía.